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Reflexión

Lo que transforma al mundo, es la palabra. Lo que transforma al hombre, es el silencio.

Pablo d'Ors

Entrevista a Pablo d’Ors

Biografía del Silencio – Pablo d’Ors. pdf

«Comencé a sentarme a meditar en silencio y quietud por mi cuenta y riesgo, sin nadie que me diera algunas nociones básicas o que me acompañara en el proceso. La simplicidad del método –sentarse, respirar, acallar los pensamientos…- y, sobre todo, la simplicidad de su pretensión –reconciliar al hombre con lo que es- me sedujeron desde el principio. Como soy de temperamento tenaz, me he mantenido fiel durante varios años a esta disciplina de, sencillamente, sentarse y recogerse; y enseguida comprendí que se trataba de aceptar con buen talante lo que viniera, fuera lo que fuese

Basta un año de meditación perseverante, o incluso medio, para percatarse de que se puede vivir de otra forma. La meditación nos concentra, nos devuelve a casa, nos enseña a convivir con nuestro ser, nos agrieta la estructura de nuestra personalidad hasta que, de tanto meditar, la grieta se ensancha y la vieja personalidad se rompe y, como una flor, comienza a nacer una nueva. Meditar es asistir a este fascinante y tremendo proceso de muerte y renacimiento. Gracias a la meditación el autor ha ido descubriendo que no hay yo y mundo, sino que mundo y yo son una misma y única cosa.

P.- ¿La meditación implica una nueva visión de la realidad, o quizá alcanzar una nueva forma de adaptarse a la misma?

Meditar no es reflexionar, sino silenciarse: un proceso de limpieza o purificación interior. En la medida en que nuestros ojos y oídos, y sobre todo nuestro corazón, está limpio o purificado, vemos la realidad tal cual es, lo que produce que nuestra acción en el mundo, sea cual sea, resulte también más apropiada.

P.- Hablas de la meditación como un proceso de renacimiento, pero ¿puede ocurrir que ese proceso vaya ligado también a una posible desorientación del individuo?

Encontrarse con uno mismo, que es adonde conduce la meditación bien realizada, no sólo es conveniente para que nuestra vida pueda ser calificada de humana, sino imprescindible. En ese proceso hay, por supuesto, momentos duros, de pérdida o desierto. Pero es que sólo vaciándonos podemos luego llenarnos; sólo quien se pierde podrá más tarde encontrarse. Sin el riesgo de la pérdida, no hay aventura interior posible.

P.- Si me pongo práctico, ya sé que la meditación no solucionará mis problemas, pero ¿conseguirá aliviarlos?

La meditación no resuelve los problemas, cierto: los disuelve. Eso significa que los coloca en la perspectiva propicia para que dejen de resultar problemáticos. Eso significa que el problema continúa, pero no el sufrimiento que ese problema nos ocasiona.

P.- ¿En el contexto de crisis y de indignación que vivimos, el silencio puede ser la forma de suavizar nuestro carácter y nuestras aversiones?

No se trata de suavizar el propio carácter, sino de amarlo; sólo entonces podremos empezar a trabajar en él para orientarlo según nuestra voluntad. No se trata de suavizar las aversiones, sino de erradicarlas, lo que sólo es posible mediante un riguroso trabajo espiritual de reconciliación y perdón.

P.- El silencio, tal que recogimiento, ¿podría plantearse como una buena manera de definir nuestra personalidad y ahondar en ella?

Normalmente andamos dispersos, es decir, en ninguna parte. El recogimiento, por seguir su terminología, nos devuelve a casa. Es bueno volver a casa, nos hace sentir bien. El ruido es el principal problema del hombre contemporáneo y, en ese sentido, el silencio es la primera necesidad del alma. Sin silencio no habría arte, amor ni espiritualidad.

P.- En otros contextos, trabajar el silencio podría suponer el acercamiento a un espíritu superior.

La experiencia del silenciamiento no es otra que la de la atención o escucha. Quien aprende a estar atento o a escuchar, está en el presente. Para los creyentes, el presente no es otra cosa que el escenario de la presencia divina. La confianza en esa Presencia aúna a todas las religiones.

P.- ¿Todo el mundo es capaz de concentrar la suficiente sabiduría (y de concentrarse) como para afrontar la meditación de forma adecuada?

Todos estamos llamados a una vida en plenitud, no a caricaturas o sucedáneos. Pero es cierto que hay personas que, por sus sombras o experiencias negativas, precisan de un proceso más largo y de un acompañamiento más intenso. Pero el tesoro que tenemos dentro no es para uno pocos, sino para todos. Para acceder a ello lo determinante es la determinada determinación de encontrarlo.

 P.- En el fondo, ¿quizás no somos más que meras piezas innecesarias de un engranaje que siempre va a seguir funcionando? ¿Nos falta humildad para reconocerlo?

No estoy de acuerdo con la afirmación que contiene la primera pregunta: no creo que seamos “meras piezas innecesarias” ni que “el engranaje vaya a seguir siempre funcionando”. Lo que la meditación puede llevar a descubrir es, precisamente, que tú no eres sin el mundo ni sin los demás, pero que tampoco los demás y el mundo serían sin ti. Eres un miembro de un gran cuerpo, pero sin ese miembro ese cuerpo no sería definitivamente el mismo. Pero humildad siempre nos falta, eso desde luego: siempre somos demasiado poco realistas.

P.- ¿Cómo practica usted habitualmente este proceso, podríamos decir, de introspección?

Hago todos los días una hora de silencio, generalmente nada más levantarme. Hago todas las semanas un día de retiro completo, sin lecturas ni conversaciones. Hago todos los años diez días de apartamiento completo del mundo. Sin esos espacios/tiempos de intimidad conmigo mismo y con el Huésped de mi alma, no tendría ninguna autoridad para escribir o decir lo que escribo y digo.

P.- ¿Tiene ya nuevos proyectos de escritura que nos pueda ir comentando?

Sí, naturalmente. Mis dos últimos libros, Biografía del silencio (Siruela, 2012) y El olvido de sí (Pretextos, 2013) hablaban de la luz. Es de justicia que en mi próximo libro aborde la sombra.


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COMPRAR LIBRO:   Biografía del Silencio – Pablo d’Ors

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El lujo de estar en silencio – LMEM

Fuente:  El lujo de estar en silencio – La Mente es Maravillosa

chica con mariposa en el cabello disfrutando estar en silencioJamás se nos habría nunca pasado por la cabeza que estar en silencio podría convertirse en todo un lujo. Algo solo disfrutado por unas pocas personas. Aquellas que pueden escapar de las rutinas que evitan que tengamos tiempo para nosotros, que nos someten y que nos hacen temer a la soledad y al completo silencio.

Los entornos en los que nos movemos son tan ruidosos que nos hemos adaptado de tal manera que pensamos que quedarnos solos y en silencio es algo negativo e incluso a algunas personas les causa mucha ansiedad. Así, es importante que nos hagamos determinadas preguntas para reconocer las implicaciones de este tipo de temor o limitación.

No nos damos cuenta, pero evitamos estar en silencio de una manera constante. Buscamos el ruido incluso cuando tenemos la oportunidad de alejarnos de él. Deberíamos preguntarnos qué motivo hay para tenerle tanto miedo al silencio. ¿Nos sentimos solos si no hay ruido?

¿Ponemos la radio dentro de casa cuando estamos solos porque no soportamos la presión de la ausencia de ruidos? ¿Tendemos a ir a lugares bulliciosos porque la soledadde nuestro hogar nos atormenta? Ni se nos pasa por la cabeza ir a yoga o practicar meditación, ¡qué estrés estarse quietos y en absoluto silencio!

Nuestra mente necesita estar en silencio

hombre en el campo en silencioLo cierto es que lograr ese silencio del que hablamos no es una tarea fácil e introducir un poquito de él en nuestra rutina puede ser todavía un reto más complicado. Muchos de nuestros deseos, aspiraciones o preocupaciones se encuentran allí donde hay ruido. Un ruido externo y un ruido interno, en una corriente de pensamientos con un pesado caudal que no cesa.

Se han realizado numerosos estudios al respecto. Son especialmente numerosos aquellos en los que se compara a las personas que viven en las grandes ciudades con aquellas que viven en entornos rurales. Las diferencias nos dejan con la boca abierta. Las personas que viven o trabajan en lugares muy ruidosos, que duermen escuchando el ruido o el bullicio de la ciudad que no cesa son más vulnerables a sufrir determinados problemas de salud.

Problemas en el aparato circulatorio, estrés, ansiedad… Si buscamos las principales causas de todos ellos, será fácil de encontrar a la falta de pausa en los primeros lugares. Nuestro piloto automático, tras años y años actuando de la misma forma, está preparado para saltar de un estímulo a otro.

El silencio no es incómodo, estar en silencio no nos pone nerviosos. Esto solo son creencias que intentan justificar algo que no queremos ver en nosotros. ¿A qué le tenemos miedo?

Sin embargo, nuestra mente necesita estar en silencio. Pues, solo gracias a la ausencia de ruido nuestras neuronas ven potenciado su crecimiento. Además, nuestra mente y nuestro cuerpo se relajan, liberándose de preocupaciones que pueden ser un cúmulo de problemas y de tensiones originadas por el ruido exterior. Porque cuando hay ruido, no podemos escucharnos; si no nos escuchamos, difícilmente vamos a poder contar con una mente lúcida y clara.

El ruido y la agitación nos alejan de nosotros mismos

Ya lo dice el budismo: “el ruido y la agitación nos alejan de nosotros mismos”. ¿Quién se dedica tiempo a sí mismo para conocerse? ¿Quién se regala unos minutos de meditaciónal día para calmar la mente, relajarse y tratar con los pensamientos que intenta ignorar, por dañinos e insidiosos, pero que por ello no dejan de ser intrusivos y causar malestar? Complicado verdad, cuando hay tantas tareas urgentes a las que atender, cuando ese tiempo para nosotros siempre se puede posponer para más adelante…

patos volando al amanecerAdemás, estar en silencio es mucho más que practicar meditación o dejar la mente en blanco -una creencia sobre estas prácticas totalmente errónea. Es dejar de vivir en piloto automático y disfrutar más del presente. No es necesario hacer grandes cosas. Tan solo saborear una comida, apreciar sus sabores, disfrutar del sonido de los pájaros cuando paseamos por la naturaleza.

Todo eso, implica vivir. Porque si hay algo que provoca el estar constantemente rodeados de ruido es que no vivimos, existimos. ¿Para qué? Para hacer lo que tenemos que hacer, sin disfrutar, sin cuidarnos y mimarnos, sin darnos la importancia que tenemos. Tan solo nos movemos por motivaciones que muchas veces no son propias, sino ajenas.

“Algunos encuentran el silencio insoportable porque tienen demasiado ruido dentro de ellos mismos”

-Robert Fripp-

No huyamos de estar en silencio. Apaguemos el televisor y abramos un libro. Hagamos ejercicio en un parque sin llevar auriculares en nuestras orejas. En nuestra vida cotidiana estamos sometidos a un ruido constante. ¿Por qué seguir haciéndolo cuando tenemos tiempo para nosotros? ¿Tenemos miedo de conectar con nosotros y con el mundo que nos rodea? ¿De qué estamos escapando?

Fuente:  El lujo de estar en silencio – La Mente es Maravillosa
Autora:  Raquel Lemos Rodríguez

Después de estar media hora en absoluto silencio y soledad, ¿qué nos sucede? – LMEM

Fuente:  Después de estar media hora en absoluto silencio y soledad, ¿qué nos sucede? – La Mente es Maravillosa

chica con imagen de bosque superpuesta que disfruta de sus instantes de soledadNo es ninguna contradicción: los instantes de soledad, de silencio y desconexión son necesarios para motivar nuestro impulso vital con más autenticidad. Es como oprimir un botón de reinicio donde cada pieza encaje con mayor sentido, donde hallamos esa claridad mental con la que comprender mejor a las personas, con la que poner filtros, definir prioridades y objetivos personales.

Miles Davis fue uno de los trompetistas y compositores de jazz más conocidos de la historia. Una vez, cuando unos músicos jóvenes le pidieron consejo sobre cómo conseguir su nivel de maestría y originalidad, Davis les dio sin duda una respuesta que no olvidarían jamás: si no existieran los silencios, la música no sería lo que es.

“La valía de un hombre se mide por la cuantía de soledad que le es posible soportar”

-Friedrich Nietzsche-

Les indicó a su vez que la vida es como una partitura, ahí donde uno consigue hallar el ritmo al combinar instantes de actividad con momentos de soledad, silencio y reflexión. Solo así conseguimos hallar la inspiración y esa melodía escondida en nuestro interior, esa que de otro modo no podríamos escuchar.

Es sin duda un consejo acertado y evidente. Sin embargo, por lógico que nos parezca no siempre lo ponemos en práctica de forma efectiva. En nuestro mundo actual, por curioso que parezca, abunda en mayor grado un tipo de soledad camuflada y a instantes patológica de la que no siempre se habla.

Nos referimos a esa donde nos sumimos en la hiperactividad -buscando una falsa hiperproductividad- y en la hiperestimulación. Nos pasamos el día trabajando, conectados a las tecnologías, haciendo cosas, cumpliendo objetivos, satisfaciendo a los demás, envueltos en el ruido de nuestras ciudades. Y sin embargo, este rumor incesante y esa actividad imparable no siempre merecen las preocupaciones que nos generan o el tiempo que nos roban.

Si a ello le añadimos que a veces nuestras relaciones nos traen más soledad que felicidad, entenderemos por qué cada año ascienden las tasas de depresión y otros tipos de trastornos de salud que no podemos descuidar…

 

Los instantes de soledad son beneficiosos para nuestro cerebro

Debemos incidir antes que nada en un hecho importante. La soledad que nos beneficia y que revierte en nuestra salud física y psicológica es esa donde se combinan los instantes de soledad y aislamiento con la posterior conexión con el mundo, con su sonido, su forma, sus colores y riquezas sensoriales y sobre todo, con relaciones sociales significativas, ya sean amigos, pareja, familia, compañeros de trabajo

El ser humano no está preparado para vivir en completo y permanente aislamiento. Un ejemplo llamativo lo tenemos sin duda en la cámara anecoica de los Laboratorios Orfield, en Minneapolis. Se trata de un espacio donde distintas empresas estudian el sonido de sus productos: teléfonos, motos, lavadoras… Es una habitación ultrasilenciosa donde el 99,99% del ruido es absorbido por las paredes de acero y fibra de vidrio, y donde a su vez se suelen llevar a cabo distintos experimentos psicológicos.

Se ha podido ver que, en promedio, nadie ha logrado estar en la cámara anecoica más de media hora. Las personas suelen salir desesperadas y presas del pánico al no poder resistir un silencio tan hueco, asfixiante y vacío.

En este espacio, la quietud es tan extrema que es común escuchar los sonidos del propio corazón o nuestra propia circulación sanguínea. Algo para lo que el cerebro no está preparado, algo que va en contra de nuestra naturaleza, de nuestra programación genética: fin y al cabo, somos seres sociales que necesitan conectar con su entorno más cercano, y cuando este carece de estímulo alguno, sencillamente, entra en pánico.

Por otro lado, mientras el aislamiento total afecta a nuestro equilibrio psicológico, el ocasional y delimitado en el tiempo lo beneficia. Los científicos nos dicen que los instantes de soledad bien distribuidos a lo largo del día son como “descargas eléctricas” capaces de reiniciarnos, de permitirnos recobrar la energía, el sentido y la inspiración.

Programa tus instantes de soledad para ganar en salud

Vivimos en una sociedad que adora la independencia, pero que sin embargo está cada vez más alineada, sobrecargada y acelerada. El avance de las nuevas tecnologías nos facilita que estemos más conectados que nunca los unos con los otros. Nuestras ciudades están cada vez más sobrepobladas. Asimismo, cada vez estamos más rodeados de luz artificial, somos menos activos físicamente porque tenemos la oportunidad de hacer infinidad de cosas sin pedirle más pulsaciones a nuestro corazón.

Los médicos, neurólogos y psicólogos nos dicen que nuestros cerebros se están “cableando” de forma muy diferente a cómo se cableaban hace 100 años. Recibimos tantos estímulos a lo largo del día y por tantas frentes que es casi “vital” que gestionemos un poco mejor todo este caos sensorial. Necesitamos calma, necesitamos silencio y soledad de vez en cuando para integrar todo ese torrente de información. El objetivo no es otro que hallarle un sentido.

Sin embargo, hay quien no sabe, aun más, hay quien siente un miedo casi atávico a quedar un día consigo mismo en soledad para conversar, para reflexionar. Tal encuentro puede ser casi tan terrorífico como permanecer media hora en la cámara anecoica de los Laboratorios Orfield.

Porque al igual que en ese espacio uno puede escuchar los sonidos del propio cuerpo, los instantes de soledad en lugares más cómodos pueden hacer que afloren los vacíos del propio ser, los miedos, las angustias, el nudo de los asuntos pendientes y la desnudez de una infelicidad no reconocida.

Fuente:  Después de estar media hora en absoluto silencio y soledad, ¿qué nos sucede? – La Mente es Maravillosa
Autora:  Valeria Sabater

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