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Bienaventuranza – Wikipedia

Fuente: Bienaventuranza – Wikipedia
Bienaventuranza
Le sermon sur la montagne (El sermón de la montaña, 1895-1897), obra del francés James Tissot (1836-1902). Acuarela opaca sobre grafito en papel vitela gris. Museo Brooklyn.

 

La bienaventuranza (también llamada macarismo) es en la Biblia un género literario con más de un centenar de ejemplos, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. Tiene antecedentes en escritos de otros pueblos, en especial de Egipto. Se recurre a este género para expresar una felicitación a las personas que, por tener una dada cualidad o por mantener una forma de conducta grata, están relacionadas con Dios a quien se identifica bíblicamente como el dador de la vida y de la felicidad.

Cuando en la Biblia se proclama una bienaventuranza o su opuesto, no se busca pronunciar ni una bendición que proporcione la felicidad, ni una maldición que produzca la infelicidad, sino exhortar, sobre la base de la propia experiencia de felicidad, a seguir los caminos que conducen a ella. Sin embargo, este género literario experimentó una evolución lenta a través del Antiguo y del Nuevo Testamento. Así, el centro de atención de las bienaventuranzas cambió paulatinamente de los bienes meramente terrenales a los llamados «bienes eternos».

Dentro del elevado número de sentencias que constituyen este género literario, quizá las más célebres sean las ocho con que comienza Jesús de Nazaret el Sermón del monte (Mateo 5:3-11). En conjunto, las bienaventuranzas del sermón del monte concentraron todas las enseñanzas y el ministerio público de Jesús sobre espiritualidad y compasión, al presentar un nuevo conjunto de ideales centrados en el amor y la humildad en lugar de la fuerza y la imposición.

Origen del término «bienaventurado»

En la literatura griega, el término «bienaventurado» se reserva en una primera etapa a los dioses para expresar su condición de seres situados por encima de las penas y fatigas de esta tierra. Así se aplica el término «μάκαρ» («mákar»), más antiguo pero afín a «μακάριος» («makarios»). Por extensión, el término «μακαρίτης» (que significaría «bendito») es, desde su primera aparición en la obra «Los Persas» (n° 633), del dramaturgo griego Esquilo, aplicado de forma circunscripta a los muertos. Se dice que los muertos son «bienaventurados» o «benditos» en razón de que ya están exentos de dolor.

Busto que representa a Esquilo, autor de «Los Persas», obra en que se aplica el término «μακαρίτης» a los muertos.

 

En griego antiguo, quizá la palabra principal para significar felicidad es «eudaimonia» (literalmente significa «espíritu bueno» o «dios bueno»), y a partir de ella se desprende una constelación de términos estrechamente relacionados, que incluye «eutychia» (suerte), «olbios» (bendecido, favorecido), y «makarios» (bendecido, feliz, dichoso). En una etapa más avanzada, «makarios» («μακάριος») constituye un epíteto que se aplica sólo a los hombres.​ El primer registro griego que se tiene del término «μακάριος» («makarios») se encuentra en las Odas Píticas 5,46 del poeta lírico Píndaro, y luego se vuelve común en Aristófanes y Eurípides. Parece implicar la idea general de «tener suerte» y de «ser afortunado». Así, a fines del siglo V a.C. y principios del siglo IV a.C., se aplica la palabra «μακαριος» a los hombres en la medida en que eran ricos y que, por lo tanto, quedaban sustraídos de las angustias y penalidades del diario vivir. En el mundo griego, el género literario llamado «macarismo» se usa para celebrar la felicidad alcanzada por una persona, señalando el motivo y la calidad.

En los textos veterotestamentarios, «ašrê» (o ashrêy, אשרי) es un término abstracto traducido como «bienaventurado», que se refiere siempre a personas y nunca a cosas o circunstancias.​ A diferencia de la literatura griega que otorga en principio el término «bienaventurados» a los dioses, los libros de la Biblia jamás aplican la palabra «ašrê» a Dios. Sin embargo, se pone la felicidad en relación a Dios porque se lo considera el dispensador de toda dicha.

Constitución de una «bienaventuranza»

En general, una bienaventuranza está constituida por una expresión inicial (del hebreo, ašrê… ; del griego, makarios…)​ que se puede traducir como «feliz», «dichoso», «bienaventurado» y que califica al poseedor de la cualidad como «digno de felicidad». En muchos casos se añade un segundo miembro a la expresión que puede estar en tiempo presente o en tiempo futuro.

  • Si está en tiempo presente, indica la razón por la cual esa cualidad lo hace feliz. Por ejemplo: «Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos […] Es como un árbol plantado junto a corrientes de agua, que da a su tiempo el fruto, y jamás se amustia su follaje […]» (Salmo 1:1-3).
  • Si está en tiempo futuro, indica las consecuencias que se siguen o que se seguirán de la posesión de la cualidad. Entre ellas se destacan las que utilizan la palabra «porque» como inicio de la segunda parte, y que se consideran literariamente más logradas. Por ejemplo: «Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia» (Mateo 5:7). Muchas otras utilizan diferentes giros literarios (por ejemplo, «en verdad os digo») o nexos causales.

Finalmente, algunas bienaventuranzas dejan implícito el premio, que se considera sobreentendido; por ejemplo: «Bienaventurados los que no han visto y han creído» (Juan 20:29).

El macarismo en la Biblia hebrea y en el Antiguo Testamento

En la Biblia hebrea y en el Antiguo Testamento de las Biblias cristianas abundan las proclamaciones del género llamado bienaventuranza o macarismo. Los libros sapienciales mencionan numerosos puntos que convergen hacia la felicidad, según los criterios de su época y de su religiosidad: «dichoso» el que teme a Yahveh: será poderoso, bendecido, tendrá hacienda, riqueza (Salmo 112:1-3), tendrá una esposa fecunda y muchos hijos (Salmo 128:1-3). «Dichoso» el hombre que no sigue el consejo de los impíos, ni en la senda de los pecadores se detiene, ni en el banco de los burlones se sienta, sino que se complace en la ley de Yahveh (Salmo 1:1); «dichosos» los que van por camino perfecto, los que proceden en la ley de Yahveh, los que guardan sus dictámenes, los que le buscan de todo corazón (Salmo 119:1-2), «dichoso» el hombre que escucha la sabiduría (Proverbios 8:34) y «dichoso» el hombre que la halla (Proverbios 3:13).

Sin embargo, el sabio verdadero no limita su horizonte a la retribución deseada en este mundo. La recompensa esperada es Dios en persona: «dichosos» los que esperan en él (Isaías 30:18), «dichoso» el hombre que confía en Dios (Salmo 84:12), «dichoso» aquél que en el Dios de Jacob tiene su apoyo y su esperanza en Yahveh su Dios (Salmo 146:5).

Pero no por esperar la felicidad se debe desconocer los caminos que conducen a ella. Por ejemplo, para descubrir que sólo Dios realiza la felicidad, se requiere a veces una decepción. Por eso exclama el salmista: Mejor es refugiarse en Yahveh que confiar en el hombre; mejor es refugiarse en Yahveh que confiar en magnates (Salmo 118:8-9). En tal sentido, el profeta clama que es maldito el hombre que se fía en el hombre y que es bendito aquél que se fía en Yahveh, porque Yahvéh no defrauda su confianza (Jeremías 17:5.7).

Bienaventuranza en el sufrimiento

Sin embargo, con la llegada del sufrimiento, la «bienaventuranza» parece mermar. A Job, figura representativa del hombre sufriente que ha perdido todos sus bienes, sus hijos y su salud, uno de los tres presuntos sabios le dice: «¡Feliz el hombre a quien Dios corrige! No desprecies, pues, su lección» (Job 5:17), como si el sufrimiento fuese siempre un correctivo, una lección dolorosa pero saludable. Pero Job no manifiesta satisfacción alguna con esa respuesta: «¡Ah, si pudiese pesarse mi aflicción, si mis males se pusieran en la balanza juntos! Pesarían más que la arena de los mares, por eso mis razones se desmandan» (Job 6:2-3). «¿Cuál es mi fuerza para que aún espere, qué fin me espera para que aguante mi alma?» (Job 6:11).

Job y sus amigos (1869). Óleo sobre lienzo de Ilya Yefimovich Repin (1844–1930). Museo del Estado ruso, San Petersburgo. Las explicaciones que del mal le dan sus amigos «sabios» no le sirven a Job en medio de su sufrimiento.

Lo que los sabios inculcan a Job era verdad, pero una verdad inoportuna. Era verdad, pero una verdad a medias. ¿Por qué a medias? Se trataba de lecciones rutinarias y tradicionales, de malla demasiado gruesa, incapaz de recoger los problemas y las ansias del hombre Job. Job se rebela contra esa moral tan anónima, universal y abstracta (...) Por eso, la verdad de los sabios será siempre una verdad disminuida: porque refleja únicamente ese mínimum característico de todo enunciado que posee validez general. La legislación versa sobre lo mínimo, la inspiración se refiere a lo máximo; aquélla acota el campo de la justicia, ésta amplía el campo del amor.

José María Cabodevilla, La impaciencia de Job

En realidad, los tres sabios que pretenden encontrar palabras consoladoras no obtienen resultado alguno porque no llegan al límite requerido: participan del vicio que es propio de la falsa compasión, que consiste en «compadecerse de» en vez de, como debería ser, «padecer con».

Dios no responde a las preguntas de Job, sino que formula nuevas preguntas, cuestionando a Job sobre quién es él para cuestionar (Job 38-41). Al final del libro, Yahveh Dios rehace la salud de Job y su hacienda, doblándola respecto de la original, como así también rehace la familia que Job había perdido, es decir, todas las «bienaventuranzas» materiales. Pero las preguntas que Job formuló en medio de su sufrimiento permanecen flotando para los mortales, sin respuesta aparente en ese momento.

Hacia otro tipo de «bienaventuranzas»: la felicidad en la «Biblia griega»

Algunos escritos forman parte de la Biblia griega, pero no figuran en el canon judío, ni en aquellas Biblias vulgarmente llamadas «protestantes» posteriores a 1826. Son libros «deuterocanónicos», admitidos en el canon por Iglesias cristianas ortodoxasorientalesanglicanaepiscopaliana y católica, como también por las luteranas y anabaptistas. Entre esos libros se encuentran el Libro de la Sabiduría (escrito posiblemente en el siglo I a.C.) y el Libro del Eclesiástico (190-180 a. C.). Se trata, pues, de escritos de redacción relativamente cercana al comienzo de nuestra era. En esos escritos, como en algunos pasajes de los escritos proféticos, se acentúa un progresivo cambio en la mentalidad: los bienes de la tierra, si bien son bendiciones de Dios, son perecederos.

«El martirio de los siete macabeos» (1863), de Antonio Ciseri. El martirio de los siete hermanos macabeos delante de su propia madre, martirizada al final, constituye el trasfondo dramático para la explicitación en la Biblia griega de un nuevo alcance en el concepto de «bienaventuranza»: la fe en la «resurrección de los cuerpos».

Cuando se afirma la creencia en la «vida eterna» o, mejor, en la «resurrección de los cuerpos», que aparece por primera vez como texto griego en el Libro II de los Macabeos 7 (escrito hacia fines del siglo II a.C. y comienzos del siglo I a.C.),​ esta esperanza hace brotar nuevos valores. Más aún, se produce una inversión del orden de valores antiguo.

Se comienza a enseñar que no hay que apreciar la felicidad de un hombre antes de la hora final: «Antes del fin, no llames feliz a nadie, que sólo a su término es conocido el hombre» (Eclesiástico 11:28).

El libro de la Sabiduría, en referencia a la «bienaventuranza», pone por delante la justicia al gozo de tener prosperidad. Aparecen incluso palabras hasta entonces impensadas: el hombre y la mujer estériles pueden ser «felices», en cuanto pueden ser fecundos espiritualmente. La esterilidad, que era considerada hasta entonces una deshonra o castigo, podía ser en realidad señal de bendición: «Dichosa la estéril sin mancilla… cuando sean juzgadas las almas se verán sus frutos» (Sabiduría 3:13).

Los eunucos, que en el pensamiento antiguo estaban excluidos de las asambleas de culto a Dios (Deuteronomio 23:2), son rehabilitados: «Dichoso también el eunuco si no tomó parte en el mal ni fomentó pensamientos de rebelión contra el Señor: su fidelidad será bien recompensada, tendrá un lugar de privilegio en el templo del Señor» (Sabiduría 3:14).

Así, los sabios coinciden en que la «bienaventuranza» no está tanto en los bienes personales como en obrar justamente.

Las bienaventuranzas en Mateo 5 y Lucas 6

El Sermón del monte, óleo sobre tela del pintor danés Carl Heinrich Bloch (1834–1890).

Probablemente las bienaventuranzas más famosas sean las transmitidas por el evangelio de Mateo (capítulo 5) y el evangelio de Lucas (capítulo 6). Entre ellas se observó cierto número de concomitancias. Los dos evangelios recogen la misma palabra: «bienaventurados» o dichosos. Los dos están de acuerdo en colocar ese término al frente de una especie de discurso-programa que pronuncia Jesús al comienzo de su ministerio, un poco antes en Mateo que en Lucas. También hay en los dos una diferencia muy clara entre las primeras bienaventuranzas y la última, tanto en el tono general como en el estilo: mientras que las primeras son breves y están bien acuñadas, la última se despliega con cierta amplitud. Y en ambos evangelios, el tono general viene dado por la primera bienaventuranza que se suele considerar el compendio de todas las demás: «Bienaventurados los pobres» (Lucas 6:20), «Bienaventurados los pobres de espíritu» (Mateo 5:3).

En el evangelio de Mateo, las bienaventuranzas constituyen el comienzo del largo discurso de tres capítulos (Mateo 5-7) conocido como «sermón de la montaña». En cambio, en el evangelio de Lucas, se ubican en el comienzo de un «discurso en la llanura» mucho más corto (medio capítulo: Lucas 6: 20-47). Este discurso se encuentra recogido casi íntegramente en el sermón de Mateo, pero sus perspectivas parecen ser algo distintas.

El discurso de Lucas está centrado casi exclusivamente en el amor al prójimo; Mateo se interesa sobre todo por la manera con que las exigencias del evangelio constituyen una superación respecto a las exigencias de la ley judía, tal como se la interpretaba en el siglo I.

En cuanto a las bienaventuranzas mismas, la primera diferencia que se advierte es la del número: Mateo tiene 9; Lucas sólo 4, pero las hace seguir de otras cuatro sentencias que recogen exactamente la otra cara de las bienaventuranzas: las maldiciones (¡ay de vosotros, los ricos, los que estáis saciados, los que ahora reís, de los que habla bien todo el mundo!). La diferencia de contenido es la más importante: la razón de la dicha no parece ser la misma para Mateo que para Lucas. Lucas considera situaciones penosas (Dichosos los pobres… Dichosos los que ahora tenéis hambre…). mientras que Mateo tiene en cuenta actitudes y disposiciones espirituales (Dichosos los pobres de espíritu… Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia…). Si bien estas dos series de bienaventuranzas se sitúan en dos planos distintos, parecen ser complementarias y convergentes.

Tabla 1: Bienaventuranzas y maldiciones en Mateo 5 y Lucas 6
Mateo 5:3-12 Lucas 6:20-23 Lucas 6:24-26
Bienaventuranzas Bienaventuranzas Maldiciones
Bienaventurados los pobres de espíritu porque de ellos es el Reino de los Cielos
Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el Reino de Dios
¡Ay de vosotros los ricos!, porque habéis recibido vuestro consuelo
Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra
Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados
Bienaventurados los que lloráis ahora, porque reiréis
¡Ay de los que reís ahora!, porque tendréis aflicción y llanto
Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados
Bienaventurados los que tenéis hambre ahora, porque seréis saciados
¡Ay de vosotros, los que ahora estáis hartos!, porque tendréis hambre
Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia
Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios
Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios
Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos
Bienaventurados seréis cuando os injurien y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa
Bienaventurados seréis cuando los hombres os odien, os expulsen, os injurien y proscriban vuestro nombre como malo por causa del Hijo del hombre
¡Ay cuando todos los hombres hablen bien de vosotros! […]
Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos; pues de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros
Alegraos ese día y saltad de gozo, que vuestra esperanza será grande en el cielo. Pues de ese modo trataban sus padres a los profetas
[…] pues de ese modo trataban sus padres a los falsos profetas.

Así, el esfuerzo que aparece en el Antiguo Testamento por incorporar a la bienaventuranza valores distintos a los del éxito o la riqueza, tales como el valor de la justicia en la pobreza y en el fracaso, encuentra en la predicación de Jesús de Nazaret una posición tajante: los dichosos no son ya los ricos, los satisfechos o aquéllos a los que se halaga, sino los que tienen hambre y que lloran, los pobres y los perseguidos.

En el concepto de Léon-Dufour, dos bienaventuranzas mayores comprenden todas las demás:

  1. la pobreza, con su cortejo de las obras de justicia, de humildad, de mansedumbre, de pureza, de misericordia, de solicitud por la paz.​ En el mismo marco aparecen otras bienaventuranzas: se declara a María (madre de Jesús) bienaventurada por haber creído (Lucas 1:45), y también son bienaventurados los que no vieron y creyeron (Juan 20:29). En línea con lo anterior, tanto el Evangelio de Lucas como el Apocalipsis señalan como bienaventurados a los que escuchan la Palabra de Dios y la ponen en práctica (Lucas 11:28), al que lee y a los que oyen la Palabra y guardan las cosas en ella escritas (Apocalipsis 1:3).
  2. la persecución por amor de Cristo. El autor del Apocalipsis, escrito a las siete Iglesias de Asia (Apocalipsis 1:4) durante la persecución (Apocalipsis 1:9), declara dichoso al que se mantiene vigilante (Apocalipsis 16:15), al que será llamado para la resurrección (Apocalipsis 20:6). Incluso si da su vida en testimonio, es bienaventurado «por morir en el Señor», porque sus obras lo acompañan (Apocalipsis 14:13).
Las bienaventuranzas desde la perspectiva de la Iglesia católica

El Catecismo de la Iglesia Católica describe a las bienaventuranzas como el centro de la predicación de Jesús. Ellas responden al deseo natural de felicidad: “Las bienaventuranzas descubren la meta de la existencia humana, el fin último de los actos humanos: Dios nos llama a su propia bienaventuranza”.

Las bienaventuranzas en el arte

Antoni Gaudí incluyó la representación de las bienaventuranzas en su concepción del Templo Expiatorio de la Sagrada Familia. Las mismas figuran en las bóvedas posteriores del pórtico de la gloria, en correspondencia con sus ocho columnas interiores.

Bibliografía
  • Cabodevilla, José María (1970). La Impaciencia de Job. Estudio sobre el sufrimiento humano. Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos. ISBN978-84-220-0262-8.
  • Cabodevilla, José María (1984). Las formas de felicidad son ocho. Comentario a las bienaventuranzas. Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos. ISBN84-220-0262-0.
  • Léon-Dufour, Xavier (2001). Vocabulario de Teología Bíblica (18a. edición). Barcelona (España): Biblioteca Herder. ISBN978-84-254-0809-0.
  • Dupont, Jacques (1969-1973). Les Béatitudes. Tomo I: Le probleme Iittéraire (388 pp.); tomo II. La Bonne Noovelle (426 pp.); tomo III, Les évangelistes (744 pp.). París: Gabalda.
Fuente: Bienaventuranza – Wikipedia

 

Apocalipsis Revelacion ( La Biblia )

Apocalipsis Revelacion ( La Biblia )

El libro de las Revelaciones o Apocalipsis de san Juan (en griego helenístico Ἀποκάλυψις Ἰωάννου Apokálypsis Ioánnou ‘Revelación de Juan’) es el último libro del Nuevo Testamento. También es conocido como Revelaciones de Jesucristo por el título que al principio se da a este libro (Ἀποκάλυψις Ἰησοῦ Χριστοῦ […]) y, en algunos círculos protestantes, simplemente como Revelación o Libro de las revelaciones. Por su género literario, es considerado por la mayoría de los eruditos el único libro del Nuevo Testamento de carácter exclusivamente profético.

El Apocalipsis quizás sea el escrito más rico en símbolos de toda la Biblia. La cantidad de símbolos, eventos y procesos complica la tarea de interpretar la totalidad del texto y, como tal, ha sido objeto de numerosas investigaciones, interpretaciones y debate a lo largo de la historia.

La Biblia de Jerusalén

La Biblia de Jerusalén (PDF)

La Biblia de Jerusalén (BJ, francés: Bible de Jérusalem) es una versión católica de la Biblia elaborada en francés bajo la dirección de la Escuela bíblica y arqueológica francesa de Jerusalén. La BJ ha sido traducida al español y otras lenguas vernáculas, ya sea en el texto bíblico o solo la parte de comentarios e introducción. Es valorada por sus introducciones, notas a pie de página, y riqueza de sus paralelos en el margen. Se la considera una Biblia de excelencia para la exégesis bíblica y la Lectio Divina.

La Escuela bíblica y arqueológica francesa de Jerusalén usó los textos originales en hebreo, arameo y griego para su versión en francés, en vez de la Vulgata de San Jerónimo. Para la versión en español, un equipo de traductores españoles emplearon también los escritos originales en hebreo, arameo y griego para el texto bíblico; mientras que la presentación, títulos, introducciones, notas y apéndices fueron traducidos de la versión francesa de la BJ. En las siguientes ediciones de la BJ en español se han incorporado novedades en las introducciones y notas como resultado de la actualización de la investigación bíblica.

Traducción del tetragrámaton

En la búsqueda de la compilación con modernidad y evidencia, la Biblia de Jerusalén (anterior a 1998) volvió al uso del nombre histórico Yahveh para el nombre de Dios donde aparece 6.823 veces en el Antiguo Testamento; en las ediciones posteriores a 1998 utiliza «Yahvé». Esto ha sido bien aceptado por algunos; pues la inserción del tetragrámaton en las traducciones españolas data de 1944 cuando la Biblia Nácar-Colunga tradujo el término como «Yavé». Sin embargo, no ha sido popular pues la mayoría de las versiones de la Vulgata o Septuaginta traducen el tetragrámaton como «El Señor», según la costumbre judía.

En 2007, por instrucción del papa Benedicto XVI, el uso del nombre ‘Yahweh‘ se redujo en la liturgia, mas no en las traducciones de la Biblia. Más notablemente en la nueva Biblia Católica CTS, que usa el texto de la de Jerusalén.


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Marcelino, pan y vino – Ladislao Vajda

 

Marcelino, pan y vino

Marcelino, pan y vino es una película española dirigida por Ladislao Vajda en 1954. Se trata de uno de los mayores éxitos comerciales y de crítica en la historia del cine español, excediendo los cánones del cine religioso imperante en la época.

Se basó en la novela homónima de José María Sánchez Silva. La película gira en torno a la historia de Marcelino, un niño abandonado al nacer que es recogido por unos frailes franciscanos. Un día, estando orando ante un crucifijo, éste toma vida y comienza a comunicarse con Marcelino

Tres escenas clave de la película fueron rodadas en La Alberca (Salamanca). Su Plaza Mayor sirve como escenario para la escena inicial, en la que el fraile narrador, Fernando Rey, baja al pueblo para contar a la niña enferma la historia de Marcelino. La escena del mercado, donde Marcelino acaba subido a una cucaña tras provocar la estampida de una yunta de bueyes. Por último, de vuelta al convento, pasan frente a la Ermita de San Blas de dicha localidad. Toda la ambientación relativa al convento está ubicada en la ermita del Cristo del Caloco en El Espinar (Segovia) el cual cuenta con gran devoción en la comarca; las escenas referentes a la construcción del convento y a la Guerra de la Independencia se realizaron en la ermita de San Cristóbal, del pueblo de Aldeavieja (Ávila).

La figura del Cristo, sin embargo, no se corresponde con la del Caloco, sino que es una escultura del escultor Antonio Simont y en la actualidad se encuentra en el altar de la Capilla de Santa Teresa del Convento de las Carmelitas de Don Benito (Badajoz). Allí acabó por deseo de uno de los ingenieros de sonido de la película, Miguel López Cabrera, cuya hermana era monja en dicho convento.


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Hijo de Dios – Christopher Spencer

 

Hijo de Dios

Hijo de Dios (en inglés: Son of God) es una película estadounidense de característica bíblica y dramática del 2014, producida por Mark Burnett y Roma Downey. La película es una adaptación de la miniserie La Biblia, que se emitió en marzo de 2013 en History Channel.

Juan, el último discípulo sobreviviente de Cristo, que vive en el exilio, cuenta su historia.

Jesús nace de una virgen, y entonces tres hombres sabios lo visitan y declaran que va a ser el futuro rey. 33 años después, un adulto, Jesucristo (Diogo Morgado) viaja a Galilea y comienza a reclutar seguidores, a Santiago, a su hermano Juan, a Pedro el pescador, a Mateo, el recaudador de impuestos. Estos hombres se convertirían en sus discípulos. A través de sus enseñanzas y numerosos milagros, Jesús acumula una enorme cantidad de seguidores, que comienzan a llamarle el Mesías. También atrae la atención de los fariseos, los líderes religiosos judíos. Los fariseos afirman que Jesús blasfema ante Dios al perdonar los pecados, lo cual es algo que solo Dios puede hacer. Jesús les responde diciendo que es el Hijo de Dios.

Jesús anuncia a sus discípulos que vayan a viajar a Jerusalén para las próximas Pascuas. Entra en la ciudad montado en un burro y se encuentra con una gran multitud de seguidores que extienden hojas de palma en su camino (lo que hoy en día se celebra como el Domingo de Ramos). Caifás, el jefe de los fariseos, teme su presencia y que la ciudad, ya próxima a la rebelión contra los opresores romanos mandados por Poncio Pilato, el gobernador romano, vaya a agitarse todavía más. Este ya ha advertido a Caifás que si hay algún problema con los judíos cerrará el Templo, cancelando así la Pascua. Al entrar en el Templo, Jesús ve a los cambistas y procede a expulsarlos de sus mesas. Ese acto es vitoreado por la gente y suscita el desprecio de los fariseos. Más tarde, Jesús le dice a una niña que el Templo no tardará en caer hasta la última piedra. Los fariseos toman esto como un plan para destruir el Templo, y deciden que Jesús debe ser detenido.

Judas, uno de los discípulos de Jesús, va a hablar con los fariseos. Él también cree que Jesús está yendo demasiado lejos y quiere ayudar. Los fariseos le dan 30 monedas de plata a cambio de su ayuda. Esa misma noche (la noche antes de la Pascua), Jesús dice a los discípulos que esta será su última cena y que uno de ellos lo va a traicionar. Más tarde, en el huerto de Getsemaní, Judas besa a Jesús en la mejilla. Este revela su traición y es arrestado por los fariseos, acusado de blasfemia. Los discípulos huyen del huerto para salvarse a sí mismos.


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La Pasión de Cristo – Mel Gibson

 

La Pasión de Cristo

La Pasión de Cristo (también conocida como La Pasión) es una película dramática y cristiana estadounidense de 2004, dirigida por Mel Gibson y protagonizada por Jim Caviezel como Jesús de Nazaret, Maia Morgenstern como la Virgen María y Monica Bellucci como María Magdalena. Recrea la Pasión de Jesús de acuerdo a los Evangelios canónicos. También se basa en otros textos devocionales, como el de Anna Katharina Emmerick.

La película fue rodada íntegramente en Italia. Los exteriores se rodaron en las ciudades de Matera y Craco (en la sureña región de Basilicata); los interiores se rodaron en los estudios de Cinecittà (en Roma). La Pasión tiene una peculiaridad, y es que se rodó en latín, hebreo y arameo con subtítulos.

Fue candidata a tres premios Óscar de la Academia: mejor maquillaje, mejor banda sonora y mejor fotografía. Ganó 22 premios cinematográficos y fue candidata a otros.


La oración y agonía en el Huerto de los Olivos

Va Jesús con ellos a una propiedad llamada Getsemaní, y dice a los discípulos: «Sentaos aquí, mientras voy allá a orar». Y tomando consigo a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a sentir tristeza y angustia. Y adelantándose un poco, cayó rostro en tierra, y dijo: «Padre, si quieres aparta de mí esta copa, pero no se haga mi voluntad, sino la tuya». Y sumido en agonía, insistía más en su oración. Su sudor se hizo como gotas espesas de sangre que caían en tierra.

Evangelio de Mateo 26.36-37; Evangelio de Lucas 22.41-44

La flagelación de Jesús.

Pilato volvió a salir donde los judíos y les dijo: «Yo no encuentro ningún delito en él [...]. ¿Queréis, pues, que os ponga en libertad al rey de los judíos?». Ellos volvieron a gritar diciendo: «¡A ese, no: a Barrabás[...] Pilato entonces tomó a Jesús y lo mandó a azotar.

Evangelio de Juan 18, 33, 19;1

La coronación de espinas

Los soldados, trenzando una corona de espinas, se la pusieron sobre su cabeza, y en su mano derecha una caña; y doblando la rodilla delante de él, le hacían burla diciendo: «¡Salve, rey de los judíos!»; y después de escupirle, cogieron la caña y le golpeaban en la cabeza.

Evangelio de Mateo 27.29-30

Jesús carga con la cruz a cuestas camino al Calvario

Cuando se hubieron burlado de él, le quitaron el manto, le pusieron sus ropas y le llevaron a crucificarle. Y él, cargando con su cruz, salió hacia el lugar llamado Calvario. Y obligaron a uno que pasaba, a Simón de Cirene [...] a que llevara su cruz.

Evangelio de Mateo, 27.31; Evangelio de Juan 19.17; Evangelio de Marcos 15.21

La crucifixión y muerte de Jesús.

Llegados al lugar llamado Calvario, le crucificaron. (...) Jesús decía: Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen (...). Era ya cerca de la hora sexta cuando, al eclipsarse el sol, hubo oscuridad sobre toda la tierra hasta la hora novena (...) Jesús, dando un fuerte grito, dijo: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu y, dicho esto, expiró.

Evangelio de Lucas 23.44-46
Como le vieron muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados le traspasó el costado con una lanza y al instante salió sangre y agua.

Evangelio de Juan 19.33-34

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El Sudario de Turín

El Sudario de Turín


El Rostro de Jesús de Nazaret


El Sudario de Turín —también conocido como la Síndone, la Sábana Santa o el Santo Sudario— es una tela de lino que muestra la imagen de un hombre que presenta marcas y traumas físicos propios de una crucifixión. Se encuentra ubicado en la capilla real de la catedral de San Juan Bautista, en Turín (Italia).

El sudario mide 436 cm × 113 cm. Los orígenes del sudario y su figura son objeto de debate entre científicos, teólogos, historiadores e investigadores. Algunos sostienen que el sudario es la tela que se colocó sobre el cuerpo de Jesucristo en el momento de su entierro, y que el rostro que aparece es el suyo. Otros afirman que este objeto fue creado en la Edad Media. La Iglesia católica no ha manifestado oficialmente su aceptación o rechazo hacia el sudario, pero en 1958 el papa Pío XII autorizó la imagen en relación con la devoción católica hacia la Santa Faz de Jesús. Se puede considerar que la utilización de nuevas tecnologías en el estudio del sudario comienza en 1898, cuando un fotógrafo amateur, Secondo Pia, observó que en los negativos de las tomas que había realizado se podía ver con más nitidez la imagen del cuerpo (Cf. sección Siglo XVI a nuestros días). En 1988 la Santa Sede autorizó la datación por carbono-14 de la sábana, que se realizó en tres laboratorios diferentes, y los tres laboratorios dataron la tela entre los siglos XIII y XIV (1260-1390).


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Jesús de Nazaret – Franco Zeffirelli

Película: Jesús de Nazaret
Director: Franco Zeffirelli 

El guion de Jesús de Nazaret es del tipo diatessaron (texto que mezcla los relatos de los cuatro evangelios del Nuevo Testamento). Se buscó un enfoque bastante naturalista, restando importancia a los efectos especiales cuando los milagros se representan y presentar a Jesús como alguien bondadoso y comprensivo. Los episodios cristiana familiar se presentan en orden cronológico: los esponsales, y más tarde el matrimonio de la Virgen María y José, la Anunciación, la Visitación, la circuncisión de Juan el Bautista, la Natividad de Jesús, la circuncisión de Jesús, el censo de Quirino, el viaje a Egipto y la Matanza de los Inocentes, el hallado en el Templo, el Bautismo de Jesús, la mujer sorprendida en adulterio, Jesús ayudando a Pedro a pescar, la parábola del hijo pródigo (Lucas 15: 11-32), un diálogo entre Jesús y Barrabás (no bíblico); la cena (Mateo 26: 17-30), el Sermón de la Montaña; la reunión con José de Arimatea; la curación del ciego en la piscina, la resurrección de Lázaro (Juan 11:43), la alimentación de los cinco mil, la entrada en Jerusalén, Jesús y los cambistas, la Última Cena, la traición de Jesús por Judas, Pedro negando a Cristo y arrepintiéndose de ello, la sentencia de Jesús por Pilato (“Ecce Homo”), la pasión narrativa de Juan (Juan 18-19; incluida la agonía en el huerto), el Vía Crucis, la crucifixión de Cristo (Nicodemo, interpretado por Laurence Olivier, recita el “Siervo sufriente” de [Isaías 53:3-5], impotente ante el Mesías crucificado), el descubrimiento de la tumba vacía, y una aparición de Cristo resucitado a sus discípulos. La historia de la película concluye con el carácter no-bíblico, Zerah y sus colegas mirando con desesperación a la tumba vacía. Zerah se lamenta: “Ahora empieza. Empieza todo”.


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El Hombre Que Hacía Milagros

 

El hombre que hacía milagros

Película de animación.

Esta coproducción internacional recrea la vida de Jesucristo a través de la animación fotograma a fotograma de muñecos de látex, completada, en los recuerdos de los personajes y las parábolas de Jesús, con sugestivos pasajes de dibujos animados convencionales.

Séforis, Alta Galilea, en el año 90 de la dominación romana. Jairo llega a esta pequeña población acompañado por su hija Tamar para que la examine un médico.

Como responsable de su sinagoga, Jairo es cordialmente recibido por su amigo Cleofás, pero el diagnóstico del doctor es sumamente dramático: su hija padece una enfermedad incurable. Ajena a todo ello, Tamara es una niña feliz que de pronto se fija en un joven carpintero que trabaja en las obras de la nueva sinagoga e interviene para salvar a María Magdalena del odio de la gente.

Tamara no tarda en sentirse fascinada por este hombre, Jesús, que salva a la Magdalena y calma a los que persiguen. Es el momento en que Cristo inicia su vida pública.


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