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Bienaventuranza – Wikipedia

Fuente: Bienaventuranza – Wikipedia
Bienaventuranza
Le sermon sur la montagne (El sermón de la montaña, 1895-1897), obra del francés James Tissot (1836-1902). Acuarela opaca sobre grafito en papel vitela gris. Museo Brooklyn.

 

La bienaventuranza (también llamada macarismo) es en la Biblia un género literario con más de un centenar de ejemplos, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. Tiene antecedentes en escritos de otros pueblos, en especial de Egipto. Se recurre a este género para expresar una felicitación a las personas que, por tener una dada cualidad o por mantener una forma de conducta grata, están relacionadas con Dios a quien se identifica bíblicamente como el dador de la vida y de la felicidad.

Cuando en la Biblia se proclama una bienaventuranza o su opuesto, no se busca pronunciar ni una bendición que proporcione la felicidad, ni una maldición que produzca la infelicidad, sino exhortar, sobre la base de la propia experiencia de felicidad, a seguir los caminos que conducen a ella. Sin embargo, este género literario experimentó una evolución lenta a través del Antiguo y del Nuevo Testamento. Así, el centro de atención de las bienaventuranzas cambió paulatinamente de los bienes meramente terrenales a los llamados «bienes eternos».

Dentro del elevado número de sentencias que constituyen este género literario, quizá las más célebres sean las ocho con que comienza Jesús de Nazaret el Sermón del monte (Mateo 5:3-11). En conjunto, las bienaventuranzas del sermón del monte concentraron todas las enseñanzas y el ministerio público de Jesús sobre espiritualidad y compasión, al presentar un nuevo conjunto de ideales centrados en el amor y la humildad en lugar de la fuerza y la imposición.

Origen del término «bienaventurado»

En la literatura griega, el término «bienaventurado» se reserva en una primera etapa a los dioses para expresar su condición de seres situados por encima de las penas y fatigas de esta tierra. Así se aplica el término «μάκαρ» («mákar»), más antiguo pero afín a «μακάριος» («makarios»). Por extensión, el término «μακαρίτης» (que significaría «bendito») es, desde su primera aparición en la obra «Los Persas» (n° 633), del dramaturgo griego Esquilo, aplicado de forma circunscripta a los muertos. Se dice que los muertos son «bienaventurados» o «benditos» en razón de que ya están exentos de dolor.

Busto que representa a Esquilo, autor de «Los Persas», obra en que se aplica el término «μακαρίτης» a los muertos.

 

En griego antiguo, quizá la palabra principal para significar felicidad es «eudaimonia» (literalmente significa «espíritu bueno» o «dios bueno»), y a partir de ella se desprende una constelación de términos estrechamente relacionados, que incluye «eutychia» (suerte), «olbios» (bendecido, favorecido), y «makarios» (bendecido, feliz, dichoso). En una etapa más avanzada, «makarios» («μακάριος») constituye un epíteto que se aplica sólo a los hombres.​ El primer registro griego que se tiene del término «μακάριος» («makarios») se encuentra en las Odas Píticas 5,46 del poeta lírico Píndaro, y luego se vuelve común en Aristófanes y Eurípides. Parece implicar la idea general de «tener suerte» y de «ser afortunado». Así, a fines del siglo V a.C. y principios del siglo IV a.C., se aplica la palabra «μακαριος» a los hombres en la medida en que eran ricos y que, por lo tanto, quedaban sustraídos de las angustias y penalidades del diario vivir. En el mundo griego, el género literario llamado «macarismo» se usa para celebrar la felicidad alcanzada por una persona, señalando el motivo y la calidad.

En los textos veterotestamentarios, «ašrê» (o ashrêy, אשרי) es un término abstracto traducido como «bienaventurado», que se refiere siempre a personas y nunca a cosas o circunstancias.​ A diferencia de la literatura griega que otorga en principio el término «bienaventurados» a los dioses, los libros de la Biblia jamás aplican la palabra «ašrê» a Dios. Sin embargo, se pone la felicidad en relación a Dios porque se lo considera el dispensador de toda dicha.

Constitución de una «bienaventuranza»

En general, una bienaventuranza está constituida por una expresión inicial (del hebreo, ašrê… ; del griego, makarios…)​ que se puede traducir como «feliz», «dichoso», «bienaventurado» y que califica al poseedor de la cualidad como «digno de felicidad». En muchos casos se añade un segundo miembro a la expresión que puede estar en tiempo presente o en tiempo futuro.

  • Si está en tiempo presente, indica la razón por la cual esa cualidad lo hace feliz. Por ejemplo: «Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos […] Es como un árbol plantado junto a corrientes de agua, que da a su tiempo el fruto, y jamás se amustia su follaje […]» (Salmo 1:1-3).
  • Si está en tiempo futuro, indica las consecuencias que se siguen o que se seguirán de la posesión de la cualidad. Entre ellas se destacan las que utilizan la palabra «porque» como inicio de la segunda parte, y que se consideran literariamente más logradas. Por ejemplo: «Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia» (Mateo 5:7). Muchas otras utilizan diferentes giros literarios (por ejemplo, «en verdad os digo») o nexos causales.

Finalmente, algunas bienaventuranzas dejan implícito el premio, que se considera sobreentendido; por ejemplo: «Bienaventurados los que no han visto y han creído» (Juan 20:29).

El macarismo en la Biblia hebrea y en el Antiguo Testamento

En la Biblia hebrea y en el Antiguo Testamento de las Biblias cristianas abundan las proclamaciones del género llamado bienaventuranza o macarismo. Los libros sapienciales mencionan numerosos puntos que convergen hacia la felicidad, según los criterios de su época y de su religiosidad: «dichoso» el que teme a Yahveh: será poderoso, bendecido, tendrá hacienda, riqueza (Salmo 112:1-3), tendrá una esposa fecunda y muchos hijos (Salmo 128:1-3). «Dichoso» el hombre que no sigue el consejo de los impíos, ni en la senda de los pecadores se detiene, ni en el banco de los burlones se sienta, sino que se complace en la ley de Yahveh (Salmo 1:1); «dichosos» los que van por camino perfecto, los que proceden en la ley de Yahveh, los que guardan sus dictámenes, los que le buscan de todo corazón (Salmo 119:1-2), «dichoso» el hombre que escucha la sabiduría (Proverbios 8:34) y «dichoso» el hombre que la halla (Proverbios 3:13).

Sin embargo, el sabio verdadero no limita su horizonte a la retribución deseada en este mundo. La recompensa esperada es Dios en persona: «dichosos» los que esperan en él (Isaías 30:18), «dichoso» el hombre que confía en Dios (Salmo 84:12), «dichoso» aquél que en el Dios de Jacob tiene su apoyo y su esperanza en Yahveh su Dios (Salmo 146:5).

Pero no por esperar la felicidad se debe desconocer los caminos que conducen a ella. Por ejemplo, para descubrir que sólo Dios realiza la felicidad, se requiere a veces una decepción. Por eso exclama el salmista: Mejor es refugiarse en Yahveh que confiar en el hombre; mejor es refugiarse en Yahveh que confiar en magnates (Salmo 118:8-9). En tal sentido, el profeta clama que es maldito el hombre que se fía en el hombre y que es bendito aquél que se fía en Yahveh, porque Yahvéh no defrauda su confianza (Jeremías 17:5.7).

Bienaventuranza en el sufrimiento

Sin embargo, con la llegada del sufrimiento, la «bienaventuranza» parece mermar. A Job, figura representativa del hombre sufriente que ha perdido todos sus bienes, sus hijos y su salud, uno de los tres presuntos sabios le dice: «¡Feliz el hombre a quien Dios corrige! No desprecies, pues, su lección» (Job 5:17), como si el sufrimiento fuese siempre un correctivo, una lección dolorosa pero saludable. Pero Job no manifiesta satisfacción alguna con esa respuesta: «¡Ah, si pudiese pesarse mi aflicción, si mis males se pusieran en la balanza juntos! Pesarían más que la arena de los mares, por eso mis razones se desmandan» (Job 6:2-3). «¿Cuál es mi fuerza para que aún espere, qué fin me espera para que aguante mi alma?» (Job 6:11).

Job y sus amigos (1869). Óleo sobre lienzo de Ilya Yefimovich Repin (1844–1930). Museo del Estado ruso, San Petersburgo. Las explicaciones que del mal le dan sus amigos «sabios» no le sirven a Job en medio de su sufrimiento.

Lo que los sabios inculcan a Job era verdad, pero una verdad inoportuna. Era verdad, pero una verdad a medias. ¿Por qué a medias? Se trataba de lecciones rutinarias y tradicionales, de malla demasiado gruesa, incapaz de recoger los problemas y las ansias del hombre Job. Job se rebela contra esa moral tan anónima, universal y abstracta (...) Por eso, la verdad de los sabios será siempre una verdad disminuida: porque refleja únicamente ese mínimum característico de todo enunciado que posee validez general. La legislación versa sobre lo mínimo, la inspiración se refiere a lo máximo; aquélla acota el campo de la justicia, ésta amplía el campo del amor.

José María Cabodevilla, La impaciencia de Job

En realidad, los tres sabios que pretenden encontrar palabras consoladoras no obtienen resultado alguno porque no llegan al límite requerido: participan del vicio que es propio de la falsa compasión, que consiste en «compadecerse de» en vez de, como debería ser, «padecer con».

Dios no responde a las preguntas de Job, sino que formula nuevas preguntas, cuestionando a Job sobre quién es él para cuestionar (Job 38-41). Al final del libro, Yahveh Dios rehace la salud de Job y su hacienda, doblándola respecto de la original, como así también rehace la familia que Job había perdido, es decir, todas las «bienaventuranzas» materiales. Pero las preguntas que Job formuló en medio de su sufrimiento permanecen flotando para los mortales, sin respuesta aparente en ese momento.

Hacia otro tipo de «bienaventuranzas»: la felicidad en la «Biblia griega»

Algunos escritos forman parte de la Biblia griega, pero no figuran en el canon judío, ni en aquellas Biblias vulgarmente llamadas «protestantes» posteriores a 1826. Son libros «deuterocanónicos», admitidos en el canon por Iglesias cristianas ortodoxasorientalesanglicanaepiscopaliana y católica, como también por las luteranas y anabaptistas. Entre esos libros se encuentran el Libro de la Sabiduría (escrito posiblemente en el siglo I a.C.) y el Libro del Eclesiástico (190-180 a. C.). Se trata, pues, de escritos de redacción relativamente cercana al comienzo de nuestra era. En esos escritos, como en algunos pasajes de los escritos proféticos, se acentúa un progresivo cambio en la mentalidad: los bienes de la tierra, si bien son bendiciones de Dios, son perecederos.

«El martirio de los siete macabeos» (1863), de Antonio Ciseri. El martirio de los siete hermanos macabeos delante de su propia madre, martirizada al final, constituye el trasfondo dramático para la explicitación en la Biblia griega de un nuevo alcance en el concepto de «bienaventuranza»: la fe en la «resurrección de los cuerpos».

Cuando se afirma la creencia en la «vida eterna» o, mejor, en la «resurrección de los cuerpos», que aparece por primera vez como texto griego en el Libro II de los Macabeos 7 (escrito hacia fines del siglo II a.C. y comienzos del siglo I a.C.),​ esta esperanza hace brotar nuevos valores. Más aún, se produce una inversión del orden de valores antiguo.

Se comienza a enseñar que no hay que apreciar la felicidad de un hombre antes de la hora final: «Antes del fin, no llames feliz a nadie, que sólo a su término es conocido el hombre» (Eclesiástico 11:28).

El libro de la Sabiduría, en referencia a la «bienaventuranza», pone por delante la justicia al gozo de tener prosperidad. Aparecen incluso palabras hasta entonces impensadas: el hombre y la mujer estériles pueden ser «felices», en cuanto pueden ser fecundos espiritualmente. La esterilidad, que era considerada hasta entonces una deshonra o castigo, podía ser en realidad señal de bendición: «Dichosa la estéril sin mancilla… cuando sean juzgadas las almas se verán sus frutos» (Sabiduría 3:13).

Los eunucos, que en el pensamiento antiguo estaban excluidos de las asambleas de culto a Dios (Deuteronomio 23:2), son rehabilitados: «Dichoso también el eunuco si no tomó parte en el mal ni fomentó pensamientos de rebelión contra el Señor: su fidelidad será bien recompensada, tendrá un lugar de privilegio en el templo del Señor» (Sabiduría 3:14).

Así, los sabios coinciden en que la «bienaventuranza» no está tanto en los bienes personales como en obrar justamente.

Las bienaventuranzas en Mateo 5 y Lucas 6

El Sermón del monte, óleo sobre tela del pintor danés Carl Heinrich Bloch (1834–1890).

Probablemente las bienaventuranzas más famosas sean las transmitidas por el evangelio de Mateo (capítulo 5) y el evangelio de Lucas (capítulo 6). Entre ellas se observó cierto número de concomitancias. Los dos evangelios recogen la misma palabra: «bienaventurados» o dichosos. Los dos están de acuerdo en colocar ese término al frente de una especie de discurso-programa que pronuncia Jesús al comienzo de su ministerio, un poco antes en Mateo que en Lucas. También hay en los dos una diferencia muy clara entre las primeras bienaventuranzas y la última, tanto en el tono general como en el estilo: mientras que las primeras son breves y están bien acuñadas, la última se despliega con cierta amplitud. Y en ambos evangelios, el tono general viene dado por la primera bienaventuranza que se suele considerar el compendio de todas las demás: «Bienaventurados los pobres» (Lucas 6:20), «Bienaventurados los pobres de espíritu» (Mateo 5:3).

En el evangelio de Mateo, las bienaventuranzas constituyen el comienzo del largo discurso de tres capítulos (Mateo 5-7) conocido como «sermón de la montaña». En cambio, en el evangelio de Lucas, se ubican en el comienzo de un «discurso en la llanura» mucho más corto (medio capítulo: Lucas 6: 20-47). Este discurso se encuentra recogido casi íntegramente en el sermón de Mateo, pero sus perspectivas parecen ser algo distintas.

El discurso de Lucas está centrado casi exclusivamente en el amor al prójimo; Mateo se interesa sobre todo por la manera con que las exigencias del evangelio constituyen una superación respecto a las exigencias de la ley judía, tal como se la interpretaba en el siglo I.

En cuanto a las bienaventuranzas mismas, la primera diferencia que se advierte es la del número: Mateo tiene 9; Lucas sólo 4, pero las hace seguir de otras cuatro sentencias que recogen exactamente la otra cara de las bienaventuranzas: las maldiciones (¡ay de vosotros, los ricos, los que estáis saciados, los que ahora reís, de los que habla bien todo el mundo!). La diferencia de contenido es la más importante: la razón de la dicha no parece ser la misma para Mateo que para Lucas. Lucas considera situaciones penosas (Dichosos los pobres… Dichosos los que ahora tenéis hambre…). mientras que Mateo tiene en cuenta actitudes y disposiciones espirituales (Dichosos los pobres de espíritu… Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia…). Si bien estas dos series de bienaventuranzas se sitúan en dos planos distintos, parecen ser complementarias y convergentes.

Tabla 1: Bienaventuranzas y maldiciones en Mateo 5 y Lucas 6
Mateo 5:3-12 Lucas 6:20-23 Lucas 6:24-26
Bienaventuranzas Bienaventuranzas Maldiciones
Bienaventurados los pobres de espíritu porque de ellos es el Reino de los Cielos
Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el Reino de Dios
¡Ay de vosotros los ricos!, porque habéis recibido vuestro consuelo
Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra
Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados
Bienaventurados los que lloráis ahora, porque reiréis
¡Ay de los que reís ahora!, porque tendréis aflicción y llanto
Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados
Bienaventurados los que tenéis hambre ahora, porque seréis saciados
¡Ay de vosotros, los que ahora estáis hartos!, porque tendréis hambre
Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia
Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios
Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios
Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos
Bienaventurados seréis cuando os injurien y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa
Bienaventurados seréis cuando los hombres os odien, os expulsen, os injurien y proscriban vuestro nombre como malo por causa del Hijo del hombre
¡Ay cuando todos los hombres hablen bien de vosotros! […]
Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos; pues de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros
Alegraos ese día y saltad de gozo, que vuestra esperanza será grande en el cielo. Pues de ese modo trataban sus padres a los profetas
[…] pues de ese modo trataban sus padres a los falsos profetas.

Así, el esfuerzo que aparece en el Antiguo Testamento por incorporar a la bienaventuranza valores distintos a los del éxito o la riqueza, tales como el valor de la justicia en la pobreza y en el fracaso, encuentra en la predicación de Jesús de Nazaret una posición tajante: los dichosos no son ya los ricos, los satisfechos o aquéllos a los que se halaga, sino los que tienen hambre y que lloran, los pobres y los perseguidos.

En el concepto de Léon-Dufour, dos bienaventuranzas mayores comprenden todas las demás:

  1. la pobreza, con su cortejo de las obras de justicia, de humildad, de mansedumbre, de pureza, de misericordia, de solicitud por la paz.​ En el mismo marco aparecen otras bienaventuranzas: se declara a María (madre de Jesús) bienaventurada por haber creído (Lucas 1:45), y también son bienaventurados los que no vieron y creyeron (Juan 20:29). En línea con lo anterior, tanto el Evangelio de Lucas como el Apocalipsis señalan como bienaventurados a los que escuchan la Palabra de Dios y la ponen en práctica (Lucas 11:28), al que lee y a los que oyen la Palabra y guardan las cosas en ella escritas (Apocalipsis 1:3).
  2. la persecución por amor de Cristo. El autor del Apocalipsis, escrito a las siete Iglesias de Asia (Apocalipsis 1:4) durante la persecución (Apocalipsis 1:9), declara dichoso al que se mantiene vigilante (Apocalipsis 16:15), al que será llamado para la resurrección (Apocalipsis 20:6). Incluso si da su vida en testimonio, es bienaventurado «por morir en el Señor», porque sus obras lo acompañan (Apocalipsis 14:13).
Las bienaventuranzas desde la perspectiva de la Iglesia católica

El Catecismo de la Iglesia Católica describe a las bienaventuranzas como el centro de la predicación de Jesús. Ellas responden al deseo natural de felicidad: “Las bienaventuranzas descubren la meta de la existencia humana, el fin último de los actos humanos: Dios nos llama a su propia bienaventuranza”.

Las bienaventuranzas en el arte

Antoni Gaudí incluyó la representación de las bienaventuranzas en su concepción del Templo Expiatorio de la Sagrada Familia. Las mismas figuran en las bóvedas posteriores del pórtico de la gloria, en correspondencia con sus ocho columnas interiores.

Bibliografía
  • Cabodevilla, José María (1970). La Impaciencia de Job. Estudio sobre el sufrimiento humano. Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos. ISBN978-84-220-0262-8.
  • Cabodevilla, José María (1984). Las formas de felicidad son ocho. Comentario a las bienaventuranzas. Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos. ISBN84-220-0262-0.
  • Léon-Dufour, Xavier (2001). Vocabulario de Teología Bíblica (18a. edición). Barcelona (España): Biblioteca Herder. ISBN978-84-254-0809-0.
  • Dupont, Jacques (1969-1973). Les Béatitudes. Tomo I: Le probleme Iittéraire (388 pp.); tomo II. La Bonne Noovelle (426 pp.); tomo III, Les évangelistes (744 pp.). París: Gabalda.
Fuente: Bienaventuranza – Wikipedia

 

La mística es un tema actual, porque anhelamos autenticidad

Fuente: La mística es un tema actual, porque anhelamos autenticidad
SILVIA BARA BANCEL | TEÓLOGA, ESPECIALISTA EN MÍSTICA ALEMANA MEDIEVAL

“La mística es un tema actual, porque anhelamos autenticidad”

UNA ENTREVISTA DE JAVIER PAGOLA FOTOGRAFÍA OSKAR MONTERO – Domingo, 25 de Marzo de 2018 – Actualizado a las 06:01h

Silvia Bara Bancel.

Silvia Bara Bancel. (OSKAR MONTERO)

La mística y la espiritualidad son temas que interesan ahora a mucha gente ¿Cómo se explica su actualidad?

-Porque hoy, como en todos los tiempos, anhelamos la autenticidad. Henry Bergson, filósofo francés y premio nobel de Literatura, escribió que los místicos experimentan e intuyen una verdad metafísica. Y el teólogo Karl Rahner insistía en que “el cristiano del siglo XXI sería místico, o no sería”. Hoy no nos basta con conocer algo porque no los han contado;queremos vivir personalmente una experiencia.

¿En qué consiste la experiencia mística?

-Esta palabra, mística, se refiere a una experiencia profunda de unidad con el Absoluto, con Dios. La empezó a usar en su libro “La teología mística”, Dionisio Areopagita, un autor cristiano neoplatónico del siglo VI. Místico es alguien que se calla, que está en silencio, que vive hacia adentro. Pero esa referencia a la unidad –henosis, en griego- se puede encontrar no solo en las religiones de todo el planeta, o en la tradición cristiana, que experimenta a un Absoluto que sale al encuentro y ama a cada persona y le remite al amor de los demás, sino también en la sabiduría pagana, de modo especial en Plotino un filósofo, también neoplatónico del siglo III después de Cristo.

Es claro que en los escritores paganos y ateos de la antigüedad clásica, se pueden encontrar algo más que atisbos de todo esto.

-Claro que sí. El espíritu humano tiene siempre, en todas las épocas, también en nuestro tiempo, este anhelo de unidad, verdad y autenticidad. Diferentes tradiciones filosóficas y religiosas cultivan esta sabiduría de conectar con lo más hondo de nuestra existencia. Más allá de los apegos, del ego y de los intereses particulares, aparecen el altruismo y la unidad del género humano.

¿Dónde se puede hacer la experiencia mística? ¿Solo en el silencio, o también en el ruido de la calle y el fragor de los conflictos sociales?

-Se puede hacer en todas partes. Al Maestro Eckhart, le preguntaron: ¿hay que ir al desierto o a lo alto de una montaña y estar totalmente aislado para encontrase con Dios? Y él respondió: “No. Porque el que está mal consigo mismo no puede encontrase con Dios ni en el desierto ni en su habitación”. Se trata de perforar la realidad de cada día y del mundo, pero también hace falta entrenamiento y, de vez en cuando, parar para tomar conciencia. Ejercicios de interiorización y de silencio nos ayudan. Pero podemos encontrar a Dios en todas partes, si aprendemos a mirar… Tenemos el ejemplo de una mística contemporánea Etty Hillesum, judía, que estando presa en el campo de concentración de Auschwitz, vivió una experiencia mística profunda, que le ayudó a acompañar y sostener a otras personas en condiciones extremas de sufrimiento.

Las personas místicas siempre han estado bajo sospecha. Siglos atrás se les denunciaba por heterodoxia o herejía. En nuestro tiempo se les acusa de escaparse de la realidad. ¿Tienen fundamento esas sospechas?

-La persona mística, la que tiene una experiencia personal de Dios, adquiere una profunda libertad interior, y eso puede amenazar a quienes ponen su seguridad en unas leyes que pretenden cumplir a rajatabla. Pero, también puede suceder -como explica Enrique Suso– que una persona que ha tenido una experiencia extraordinaria de Dios, vuelva a la vida cotidiana y se sienta tan unida a Él que llegue a creer que todo lo que hace o siente viene de Dios. Es necesario el discernimiento, porque aunque sintamos a Dios en nuestro interior, seguimos siendo humanos, y nos podemos confundir, o tomar por algo de Dios lo que no es suyo. Ha habido en la historia grandes excesos;por ejemplo, en tiempos de Eckhart, la Herejía del Espíritu: personas que decían “como yo ya estoy unido a Dios no necesito ninguna mediación en mi relación con él, ni cultivar las virtudes, y da igual lo que haga”. La mística cristiana conlleva acción y contemplación: Teresa de Ávila, místicos de todos los tiempos, y el mismo Jesús insisten en la apertura a Dios y al mismo tiempo en el servicio a los demás, y remiten al encuentro con los hermanos. Toda experiencia mística auténtica hace personas maduras, abiertas a los otros, al mundo.

Todas las corrientes místicas insisten y coinciden en la unidad de todo lo existente. ¿Cómo experimenta a Dios un místico cristiano?

-Nosotros somos limitados. Pero Dios es ilimitado, es decir, no se halla limitado por nada;además de ser transcendente, y precisamente por eso, es a la vez inmanente, está en medio de todo. Nosotros no nos hallamos separados de Él, sino que “en Él vivimos, nos movemos y existimos” como dice Pablo (Hechos 17,28), y esa es la base de la experiencia mística. Los Padres griegos, entre ellos Ireneo, hablaban de la divinización del hombre: Dios se ha hecho hombre para que el ser humano sea divinizado, para llegar a la comunión plena con Él. Dios está en nuestro interior, podemos encontrarnos con Él en lo más hondo de nosotros, pero no somos Dios, precisamente porque nosotros somos limitados. Esa es la paradoja. Ahora, en esta vida mortal, podemos experimentar la unidad, pero esperamos alcanzar una vida plena con él.

Silvia Bara ha estudiado alemán y bajo alemán medieval para poder estudiar y traducir al castellano los textos del maestro Eckhart y de sus discípulos. ¿En qué consiste el “desasimiento” del que tanto hablan esos místicos medievales?

-La palabra alemana que Eckhart crea es “gelassenheit”, que significa tener una manera de ser que ha dejado todo, se ha desapegado de las cosas, de sí mismo, y ha dejado su propia voluntad. Puede traducirse como desasimiento, dejamiento o desprendimiento. Y el Maestro subraya que una persona, en tanto en cuanto se desprende, “sale” de sí misma, se hace receptiva y Dios “entra” en ella. Cuanto más se vacía, le hace más espacio. Y eso es un proceso que puede ir en crecimiento, que prepara una receptividad cada vez mayor. No se trata de desprenderse para tener mayor autocontrol de uno mismo, sino de dejar la voluntad propia para ponerse en manos de Dios.

El padrenuestro habla de “hacer la voluntad de Dios”. Pero ¿cómo descubrimos esa voluntad?

-Se trata de ponerse a la escucha, y dejarle actuar en nosotros. Eckhart se adelanta a Ignacio de Loyola, apunta que hay que discernir, y tiene una obra deliciosa titulada “Conversaciones de discernimiento”. La voluntad de Dios no es una heteronomía, una ley que esté fuera de nosotros. Se trata de descubrir lo que Dios quiere para cada cual en un momento o situación concreta. El modelo que proponen los místicos cristianos es la actitud de Jesús: “No se haga mi voluntad, sino la tuya”

¿Tenemos los humanos un ego muy crecido? ¿Es eso lo que nos hace tener miedo a la muerte?

-Somos criaturas avocadas a la muerte y eso nos da vértigo. Suso, discípulo de Eckhart, afirmaba la necesidad de vivir intensamente el presente y, así, estar preparados para la muerte. En la Edad Media, con los estragos frecuentes que causaba la peste, la gente tenía delante, a diario, su finitud. La mística medieval valoraba mucho la Encarnación, eso de que Dios se hace humano, con un cuerpo y unas limitaciones como las nuestras. Por eso subrayaba que el aquí y el ahora son el escenario del encuentro con Dios, y la importancia de vivir intensamente, estudiando, conociendo y amando apasionadamente a los seres humanos, como si la vida se fuera a terminar mañana. La vida es una devolución de amor, un camino de desprendimiento y eso da mucha alegría. Esos nos lo enseñan los místicos medievales. Ahora tenemos miedo a la muerte porque nos apegamos a las cosas, a nuestro bienestar y proyectos, y nos cuesta aceptar la enfermedad, la perdida de facultades, el no ser capaces de realizar aquello que desearíamos. El desasimiento significa también saber desprendernos de nuestras expectativas y esquemas, y ponernos en manos de Dios hasta el punto de abandonar la falsa imagen que tenemos de Él. Hay que “dejar a Dios por Dios” como dice Eckhart. Juan de la Cruz habla claro de todo eso cuando se refiere a “la noche oscura”, en la que, sin embargo experimenta que “le da a la caza alcance”. Hay que atravesar la noche, la muerte, con la esperanza de que ella no tiene la última palabra, sino que tras ella irrumpe la vida, y una vida en plenitud. Ese es el misterio que celebramos en Pascua.

Como estudiosa de la mística, han llamado su atención los siglos finales de la Edad Media ¿Qué le llevó a esa elección?

-Se han tenido muchos prejuicios acerca de la Edad Media como una época oscura, pero en ella emergieron desde el siglo XII, y se prolongaron durante toda la Baja Edad Media, elementos muy sugerentes y fecundos. Nacieron las universidades, y en ellas se planteó el diálogo de la fe con la razón: la teología no se divorció de la espiritualidad y se centró en la unión con Dios. Se destacaba la humanidad de Jesús, y la escultura y pintura góticas resaltaron su encarnación y sus sentimientos, y mostraron a María embarazada o dando el pecho a su hijo. Esa unión entre razón y fe, teología y espiritualidad, ese modo de poner en valor lo humano como lugar de encuentro con Dios, me parece muy actual y sugerente.

¿Cuáles fueron las escuelas y agrupaciones de hombres y mujeres místicas más señaladas?

-En ciudades del curso del Rin (Estrasburgo, Basilea y Colonia) apareció en el siglo XIII una escuela denominada “mística renana” de la que son principales figuras el Maestro Eckhart y sus discípulos Tauler y Suso;los tres eran dominicos, e influyeron mucho en Teresa de Ávila y Juan de la Cruz. En ese mismo siglo surgieron las órdenes mendicantes, que reflejaron los valores de los nuevos tiempos: la libertad de elección personal a la hora de entrar en la vida religiosa, la toma democrática de decisiones en los conventos, la vida en pobreza, y el anuncio del evangelio de manera itinerante. Las religiosas de Teutonia y Brabante eran muy instruidas, lectoras y copistas de libros, y aspiraban a vivir el evangelio con libertad y radicalidad, y a alcanzar una elevada vida interior. No podemos desconocer a dos grandes mujeres del siglo XII: Hildegarda de Bingen, benedictina y doctora de la Iglesia, o Herrada de Landsberg, del monasterio alsaciano de Santa Otilia, que redactó e ilustró toda una «enciclopedia», el Hortus deliciarum. En ese mismo siglo XII comienza la experiencia de un nuevo estilo de vida, el de las beguinas.

¿Quiénes fueron las beguinas?

-Esta forma de vida, original y nueva en sus orígenes, integraba la vida activa, el trabajo manual y la atención a pobres y enfermos en medio de las ciudades, con una profunda experiencia contemplativa, de oración, lectura y escritura. Eran mujeres laicas. Supuso un espacio de libertad para muchas mujeres que buscaban a Dios y no deseaban ser monjas enclaustradas, y fue un caldo de cultivo favorable para la toma de la palabra, la predicación y la escritura. Conocemos los nombres y escritos de grandes beguinas, poetas, teólogas y místicas como Hadewijch de Amberes, Matilde de Magdeburgo, o Margarita Porete, esta última condenada a la hoguera por la Inquisición en París, en 1310. Vivieron en Brabante, al Norte de Francia, en ciudades alemanas, especialmente al borde del Rin, y en el siglo XIV también en Inglaterra y en las ciudades del Norte de Italia. Sufrieron persecución, a consecuencia de rivalidades entre el clero secular y los frailes, y el Concilio de Vienne llegó a suprimirlas en 1311, excepto a las que atendían hospicios o vivían en Brabante. Muchas siguieron su modo de vida acogiéndose a la regla de la Orden Tercera franciscana, a la que pertenecen personas laicas. En el Reino de Aragón se les llamaba beguinas y en Castilla, beatas. El año 2013 murió en Kortrijk (Bélgica) la última beguina, Marcella Pattyn;tenía 92 años y el ser ciega toda su vida no le impidió trabajar siempre atendiendo a enfermos.

¿Se sabe cómo vivían?

-Ha llegado hasta nosotros una regla de beguinas, de finales del siglo XIII, denominada “Regla de los auténticos amantes”, escrita en francés antiguo. Esta Regla presenta un valor extraordinario para el estudio de su vida cotidiana. Vivían en patios abiertos, o en espacios próximos a hospitales o adosados a conventos de franciscanos o dominicos, pero separadas, cada una en su casa, donde con su trabajo -hilar, tejer, coser, y enseñar a niños- lograban su sustento. No se les permitía mendigar, pero algunas lo hicieron. Se reunían para la oración, la formación y toma democrática de decisiones. Y dedicaban muchas horas al cuidado de personas enfermas y a la atención de gente pobre y excluida. Eran célibes, solteras o viudas, prestaban una promesa de obediencia temporal a una mujer elegida entre ellas, pero no hacían votos perpetuos ni profesión religiosa, no contraían un compromiso de por vida y, si lo deseaban, podían abandonar los beguinajes y casarse o hacerse monjas. La de las beguinas fue, en su tiempo, una experiencia de verdadero empoderamiento de mujeres, que invita a vivir de manera solidaria y encontrar espacios de libertad.

¿Qué literatura produjeron?

-Escribieron, en prosa y verso, usando las lenguas vernáculas de cada país. Atendieron a los modelos de la literatura trovadoresca y de corte, y usaron abundantes alegorías de amado y amante, que recuerdan al Cantar de los Cantares, y la referencia del “beso de Dios” a la humanidad. Se miraban en los modelos de “mujeres fuertes” como María Magdalena, apóstol de los apóstoles, Catalina de Alejandría que hizo enmudecer con su sabiduría a 40 filósofos enviados por el emperador, o Isabel de Hungría, reina que repartió todos sus bienes entre los pobres. Se expresaban en la clave del amor cortés, aunque no desconocían la llamada “teología negativa” indicando que Dios es inefable y permanece más allá de nuestro lenguaje. Su mística de contemplación es un camino de deseo y vaciamiento, de despedirse de los sentidos para llegar al amor.

“La vida es una devolución de amor, un camino de desprendimiento y eso da mucha alegría. Esos nos enseñan los místicos medievales”

Eckhart, Tauler y Suso, místicos de la Escuela Alemana hablan de desasimiento: Vaciarse de sí, para que el Absoluto nos llene”

Fuente: La mística es un tema actual, porque anhelamos autenticidad

Apocalipsis Revelacion ( La Biblia )

Apocalipsis Revelacion ( La Biblia )

El libro de las Revelaciones o Apocalipsis de san Juan (en griego helenístico Ἀποκάλυψις Ἰωάννου Apokálypsis Ioánnou ‘Revelación de Juan’) es el último libro del Nuevo Testamento. También es conocido como Revelaciones de Jesucristo por el título que al principio se da a este libro (Ἀποκάλυψις Ἰησοῦ Χριστοῦ […]) y, en algunos círculos protestantes, simplemente como Revelación o Libro de las revelaciones. Por su género literario, es considerado por la mayoría de los eruditos el único libro del Nuevo Testamento de carácter exclusivamente profético.

El Apocalipsis quizás sea el escrito más rico en símbolos de toda la Biblia. La cantidad de símbolos, eventos y procesos complica la tarea de interpretar la totalidad del texto y, como tal, ha sido objeto de numerosas investigaciones, interpretaciones y debate a lo largo de la historia.

Dios, Una breve historia del Eterno – Manfred Lütz

Dios, Una breve historia del Eterno – Manfred Lütz. pdf

«Gracias a Dios, Dios no existe. Pero ¿y si –Dios nos libre-existiera Dios?» ¡Rara vez se ha escrito sobre el Señor de todas las cosas de manera tan intensa, tan divertida y sabia, tan vertiginosa y, al mismo tiempo, tan respetuosa! Quien no crea en Dios debería hacerlo de manera consecuente. La vida es corta, y la muerte definitiva. Y toda vacilación cuesta un tiempo vital irrecuperable. Pero, si Dios existe, el ateísmo es un nefasto error con un fastidioso resultado: has pasado todo el tiempo viendo la película equivocada, y ello conlleva terribles consecuencias… ¿Existe Dios o no? No se trata de una pregunta para gente sobrada de tiempo. Cada vez es mayor el número de personas inteligentes que se confrontan a fondo con ella. La pregunta por Dios late encubierta por debajo de títulos más inocuos, como el debate sobre los valores, las neurociencias y la libertad humana, la controversia en torno a Darwin o el camino hacia la felicidad. Con Dios, el mundo funciona de modo distinto de como lo haría sin Él. Este libro posibilita la adquisición de conocimientos más profundos. Un libro para ateos y creyentes y para quienes desean llegar a serlo, del que ya se han vendido en Alemania 150.000 ejemplares en dos años. MANFRED LÜTZ, autor de auténticas «superventas» (Der blockierte Riese y Lebenslust), psicoterapeuta, médico, teólogo y conocedor de la filosofía, nos brinda un libro fascinante y entretenido. Y escribe sin tapujos, pues aquí se aborda una pregunta decisiva para todo varón, toda mujer y todo niño, a saber, la pregunta acerca de por qué razón debería uno vivir y cómo se puede morir con dignidad. En su pluma, la pregunta por Dios deviene un fascinante placer literario, que enriquece y hace más sabios tanto al escéptico ilustrado como al creyente reflexivo.


Manfred Lütz (nacido el 18 de marzo de 1954 en Bonn ) es un psiquiatra alemán , psicoterapeuta teólogo católico , consejero y autor del Vaticano . Desde 1997 dirige el Hospital Alexianer en Colonia .

Lütz estudió medicina , filosofía y teología católica en Bonn y Roma . Obtuvo en 1979 su licencia para ejercer como médico y en 1982 sus estudios de teología católica. Durante sus estudios se convirtió en miembro de KDStV Bavaria Bonn en CV .

Lütz fue primero especialista en neurología , luego también en psiquiatría y psicoterapia. A partir de 1989 trabajó como médico jefe de la sala de psiquiatría del Hospital de St. Mary en Euskirchen activo, así como Jefe de la Clínica de San Martín en Euskirchen-Stotzheim , una clínica especializada para el alcohol y drogodependientes hombres. Desde 1997 ha sido director médico de los Alexianos -Krankenhauses en Colonia-Porz , un hospital especializado en psiquiatría, psicoterapia y Neurología, cuya captación área de toda la ColoniaSur incluye.

Entre otras cosas, Lütz está entrenado en sicoterapia sistémica, orientada a soluciones , conductual y psicoanalítica . En 2003 fundó el Alexianer Therapy Forum , una serie de capacitación del Hospital Alexianer con seminarios de capacitación y conferencias de psicoterapeutas internacionales.


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Entrevista Inspiradora a Pablo d’Ors

Entrevista Inspiradora a Pablo d’Ors – 01


Entrevista Inspiradora a Pablo d’Ors – 02


Entrevista Inspiradora a Pablo d’Ors – 03


Pablo d’Ors nace en Madrid, en 1963, en el seno de una familia de artistas y se forma en un ambiente cultural alemán. Es nieto del ensayista y crítico de arte Eugenio d’Ors, hijo de una filóloga y de un médico dibujante, y discípulo del monje y teólogo Elmar Salmann.

Tras graduarse en Nueva York y estudiar Filosofía y Teología en Roma, Praga y Viena –donde se especializa en germanística–, se doctora en Roma en 1996 con una tesis titulada “Teopoética: Teología de la experiencia literaria”. Es ordenado sacerdote en 1991, y destinado a la misión claretiana de Honduras, donde despliega una labor evangelizadora y social. De vuelta a España, compagina su trabajo pastoral -como coadjutor parroquial primero y como capellán universitario y hospitalario después- con una labor docente como profesor de Dramaturgia y de Estética Teológica en diversos centros superiores de España y de Argentina. Tras conocer al jesuita Franz Jalics, en 2014 funda la asociación “Amigos del Desierto”, cuya finalidad es profundizar y difundir la contemplación desde una cepa cristiana. Poco después es nombrado consejero del Pontificio Consejo de la Cultura por designación expresa del papa Francisco.

Su trayectoria como novelista comienza en 2000, inaugurando su inconfundible estilo, cómico y lírico a un tiempo, espiritual y sensorial. Entre 2001 y 2007 compatibiliza su tarea creativa con la crítica literaria en el suplemento cultural del diario ABC. Su novela Andanzas del impresor Zollinger es adaptada al teatro y representada en 2011 en Italia. Todas sus obras, emparentadas principalmente con la literatura de Franz KafkaHermann Hesse y Milan Kundera, han tenido una excelente acogida por la crítica. El reconocimiento del público le llega con su Trilogía del silencio, conformada por El amigo del desierto (Anagrama, 2009-2015), la aclamada Biografía del silencio (Siruela, 2012), que sigue constituyendo un auténtico fenómeno editorial, y El olvido de sí (Pre-textos, 2013), un homenaje a Charles de Foucauld, explorador de Marruecos y ermitaño en el Sahara, de quien se lo considera hijo espiritual. La editorial Galaxia Gutenberg, que en el 2015 publicó su Contra la juventud, seleccionada por Todo Literatura como la mejor novela del año, ha emprendido la edición de su obra completa.

En la actualidad, escribe y anima la red de meditadores “Amigos del desierto”.


Llama de Amor Viva – San Juan de la Cruz

Llama de Amor Viva – San Juan de la Cruz

Nos encontramos ante una composición de San Juan de la Cruz, poeta religioso de la segunda mitad del siglo XVI, perteneciente a la orden de los carmelitas descalzos.

Como es habitual en la poesía mística, la dificultad en la interpretación nos puede llevar a ciertas confusiones. Aunque las cuatro estrofas forman un conjunto, podemos decir que cada una de ellas configura una parte. En la primera estrofa el alma, aunque ya goce de la presencia divina, se dirige a la llama (el Espíritu Santo) para pedirle la unión total con Dios, es decir, la muerte para alcanzar la verdadera vida. La segunda estrofa se corresponde con la segunda parte. Aquí parece que la unión total con Dios es efectiva. En la tercera el alma intenta expresar la experiencia de la unión. Ya en la última estrofa, observamos la prolongación placentera de la unión del alma con Dios.


San Juan de la Cruz, cuyo nombre secular era Juan de Yepes Álvarez y su primera identificación como fraile Juan de SanMatías (FontiverosÁvilaEspaña, 24 de junio de 1542 – ÚbedaJaén, 14 de diciembre de 1591), fue un religioso y poeta místico del renacimiento español. Fue reformador de la Orden de Nuestra Señora del Monte Carmelo y cofundador de la Orden de los Carmelitas Descalzos con Santa Teresa de Jesús. Desde 1952 es el patrono de los poetas en lengua española.

Nació en 1542 en el municipio abulense de Fontiveros,​ sita en la amplia paramera delimitada por Madrigal de las Altas TorresArévalo y Ávila. Fue nacido Juan de Yepes Álvarez en una familia de conversos (descendientes de judíos conversos al cristianismo),​ hijo de un tejedor toledano de buratos llamado Gonzalo de Yepes y de Catalina Álvarez.​ Tenía dos hermanos mayores llamados Francisco y Luis.

A los veintiún años, en 1563, ingresa en el Convento de los Padres Carmelitas de Medina del Campo, de la Orden de los Carmelitas, y adopta el nombre de Fray Juan de san Matías. Tras realizar el noviciado entre 1563 y 1564 en el Convento de Santa Ana, se traslada a Salamanca donde estudiará en el Colegio de San Andrés de los Cármenes entre 1564 y 1567 los tres cursos preceptivos para bachillerarse en artes. Durante el tercer curso, fue nombrado, por sus destrezas dialécticas, prefecto de estudiantes en el colegio de San Andrés.


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Cántico Espiritual – San Juan de la Cruz

Cántico Espiritual – San Juan de la Cruz. pdf

El “Cántico Espiritual”, es un texto que se le puede considerar como el más sublime de la poesía Española; esta inspirado en el Cantar de los Cantares y nos refleja el amor entre la amada y el amado, existiendo una exaltación mística con cada imagen alegórica que se presenta como: El pastor, lo creado por el amado, la paloma, el ciervo, el manzano creando una relación entre lo divino y lo terrenal.

El Cántico Espiritual fue compuesto por San Juan de la Cruz cuando estuvo en la prisión de Toledo, escrito que esboza su conocimiento en Literatura mística Sufí (Doctrina mística y ascética del Islam surgida en torno al siglo VIII) y sin dejar de mencionar su mirada poética que constituyen la sublimidad del poema.

Su texto encierra un misticismo y a través de sus versos transforma cada imagen en un elemento que permite exaltar cada momento, creando un contexto de significado celestial y terrenal por medio de las distintas imágenes que se nos presenta.

En su temática predominan imágenes naturales que se comparan con todo el esplendor de los amantes de igual forma símbolos religiosos que permite hacer analogías con distintas referencias bíblicas.

El poema se constituye en tres momentos esenciales; la pérdida, la búsqueda y el encuentro del amado, donde cada alusión presentada no solo nos refiere a un espacio amoroso plenamente humano sino que los elementos del contexto recrean una relación de la existencia espiritual que hace referencia al plano religioso asociado a la biblia.


Cántico Espiritual – San Juan de la Cruz

San Juan de la Cruz, cuyo nombre secular era Juan de Yepes Álvarez y su primera identificación como fraile Juan de SanMatías (FontiverosÁvilaEspaña, 24 de junio de 1542 – ÚbedaJaén, 14 de diciembre de 1591), fue un religioso y poeta místico del renacimiento español. Fue reformador de la Orden de Nuestra Señora del Monte Carmelo y cofundador de la Orden de los Carmelitas Descalzos con Santa Teresa de Jesús. Desde 1952 es el patrono de los poetas en lengua española.

Nació en 1542 en el municipio abulense de Fontiveros,​ sita en la amplia paramera delimitada por Madrigal de las Altas TorresArévalo y Ávila. Fue nacido Juan de Yepes Álvarez en una familia de conversos (descendientes de judíos conversos al cristianismo),​ hijo de un tejedor toledano de buratos llamado Gonzalo de Yepes y de Catalina Álvarez.​ Tenía dos hermanos mayores llamados Francisco y Luis.

A los veintiún años, en 1563, ingresa en el Convento de los Padres Carmelitas de Medina del Campo, de la Orden de los Carmelitas, y adopta el nombre de Fray Juan de san Matías. Tras realizar el noviciado entre 1563 y 1564 en el Convento de Santa Ana, se traslada a Salamanca donde estudiará en el Colegio de San Andrés de los Cármenes entre 1564 y 1567 los tres cursos preceptivos para bachillerarse en artes. Durante el tercer curso, fue nombrado, por sus destrezas dialécticas, prefecto de estudiantes en el colegio de San Andrés.


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Noche Oscura del Alma – San Juan de la Cruz

Noche Oscura del Alma – San Juan de la Cruz. pdf

El autor de este poema, San Juan de la Cruz (1542-1591) fue un monje carmelita que recogió sus vivencias religiosas en sus composiciones líricas. Para explicar sus experiencias místicas, se vale de imágenes del amor humano, convirtiendo su alma en una joven (la amada o esposa) que desea el amor de su Amado o Esposo (Dios).

Noche oscura del alma constituye, junto a Cántico espiritual y Llama de amor viva, lo más destacado de la producción literaria de San Juan de la Cruz.
En ella, una joven abandona su casa en mitad de la noche a escondidas para poder encontrarse con su Amado.
Esta obra pertenece al género lírico, ya que en ella el autor expresa sus emociones y sentimientos a través de los personajes, en este caso, la joven amada.


San Juan de la Cruz, cuyo nombre secular era Juan de Yepes Álvarez y su primera identificación como fraile Juan de SanMatías (FontiverosÁvilaEspaña, 24 de junio de 1542 – ÚbedaJaén, 14 de diciembre de 1591), fue un religioso y poeta místico del renacimiento español. Fue reformador de la Orden de Nuestra Señora del Monte Carmelo y cofundador de la Orden de los Carmelitas Descalzos con Santa Teresa de Jesús. Desde 1952 es el patrono de los poetas en lengua española.

Nació en 1542 en el municipio abulense de Fontiveros,​ sita en la amplia paramera delimitada por Madrigal de las Altas TorresArévalo y Ávila. Fue nacido Juan de Yepes Álvarez en una familia de conversos (descendientes de judíos conversos al cristianismo),​ hijo de un tejedor toledano de buratos llamado Gonzalo de Yepes y de Catalina Álvarez.​ Tenía dos hermanos mayores llamados Francisco y Luis.

A los veintiún años, en 1563, ingresa en el Convento de los Padres Carmelitas de Medina del Campo, de la Orden de los Carmelitas, y adopta el nombre de Fray Juan de san Matías. Tras realizar el noviciado entre 1563 y 1564 en el Convento de Santa Ana, se traslada a Salamanca donde estudiará en el Colegio de San Andrés de los Cármenes entre 1564 y 1567 los tres cursos preceptivos para bachillerarse en artes. Durante el tercer curso, fue nombrado, por sus destrezas dialécticas, prefecto de estudiantes en el colegio de San Andrés.


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Subida del Monte Carmelo- San Juan de la Cruz

Subida del Monte Carmelo- San Juan de la Cruz. pdf

Trata de cómo podrá un alma disponerse para llegar en breve a la divina unión. Da avisos y doctrina, así a los principiantes como a los aprovechados, muy provechosa para que sepan desembarazarse de todo lo temporal y no embarazarse con lo espiritual, y quedar en la suma desnudez y libertad de espíritu, cual se requiere para la divina unión. Compuesta por el Padre Fr. Juan de la Cruz, Carmelita Descalzo.

Toda la doctrina que entiendo tratar en esta Subida del Monte Carmelo está incluida en las siguientes canciones, y en ellas se contiene el modo de subir hasta la cumbre del monte, que es el alto estado de la perfección, que aquí llamamos unión del alma con Dios. Y porque tengo de ir fundando sobre ellas lo que dijere, las he querido poner aquí juntas, para que se entienda y vea junta toda la sustancia de lo que se ha de escribir; aunque, al tiempo de la declaración, convendrá poner cada canción de por sí y, ni más ni menos, los versos de cada una, según lo pidiere la materia y declaración. Dice, pues, así:

Canciones en que canta el alma la dichosa ventura que tuvo en pasar por la oscura noche de la fe, en desnudez y purgación suya, a la unión del Amado
1. En una noche oscura, con ansias, en amores inflamada, ¡oh dichosa ventura!, salí sin ser notada estando ya mi casa sosegada.
2. A oscuras y segura, por la secreta escala, disfrazada ¡oh dichosa ventura!, a oscuras y en celada, estando ya mi casa sosegada.
3. En la noche dichosa, en secreto, que nadie me veía, ni yo miraba cosa, sin otra luz y guía sino la que en el corazón ardía.
4. Aquésta me guiaba más cierto que la luz del mediodía, adonde me esperaba quien yo bien me sabía, en parte donde nadie parecía.
5.¡Oh noche que guiaste! ¡Oh noche amable más que la alborada! ¡Oh noche que juntaste Amado con amada, amada en el Amado transformada!
6. En mi pecho florido, que entero para él solo se guardaba, allí quedó dormido, y yo le regalaba, y el ventalle de cedros aire daba.
7. El aire de la almena, cuando yo sus cabellos esparcía, con su mano serena en mi cuello hería y todos mis sentidos suspendía.
8. Quedéme y olvidéme, el rostro recliné sobre el Amado, cesó todo y dejéme, dejando mi cuidado entre las azucenas olvidado.


San Juan de la Cruz, cuyo nombre secular era Juan de Yepes Álvarez y su primera identificación como fraile Juan de SanMatías (FontiverosÁvilaEspaña, 24 de junio de 1542 – ÚbedaJaén, 14 de diciembre de 1591), fue un religioso y poeta místico del renacimiento español. Fue reformador de la Orden de Nuestra Señora del Monte Carmelo y cofundador de la Orden de los Carmelitas Descalzos con Santa Teresa de Jesús. Desde 1952 es el patrono de los poetas en lengua española.

Nació en 1542 en el municipio abulense de Fontiveros,​ sita en la amplia paramera delimitada por Madrigal de las Altas TorresArévalo y Ávila. Fue nacido Juan de Yepes Álvarez en una familia de conversos (descendientes de judíos conversos al cristianismo),​ hijo de un tejedor toledano de buratos llamado Gonzalo de Yepes y de Catalina Álvarez.​ Tenía dos hermanos mayores llamados Francisco y Luis.

A los veintiún años, en 1563, ingresa en el Convento de los Padres Carmelitas de Medina del Campo, de la Orden de los Carmelitas, y adopta el nombre de Fray Juan de san Matías. Tras realizar el noviciado entre 1563 y 1564 en el Convento de Santa Ana, se traslada a Salamanca donde estudiará en el Colegio de San Andrés de los Cármenes entre 1564 y 1567 los tres cursos preceptivos para bachillerarse en artes. Durante el tercer curso, fue nombrado, por sus destrezas dialécticas, prefecto de estudiantes en el colegio de San Andrés.


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Poesías – San Juan de la Cruz

Poesías – San Juan de la Cruz. pdf

Su obra poética está compuesta por tres poemas considerados mayores: Noche oscuraCántico espiritual y Llama de amor viva; y un conjunto de poemas habitualmente calificados como menores: cinco glosas, diez romances (nueve de ellos pueden contarse como una sola composición) y dos cantares. La difusión de su obra fue manuscrita, y aún no se han dilucidado todos los problemas textuales que conllevan. En prosa escribió cuatro comentarios a sus poemas mayores: Subida del Monte Carmelo y Noche oscura para el primero de estos poemas, y otros tratados homónimos sobre el Cántico espiritual y Llama de amor viva.

Las poesías atribuibles sin lugar a duda a San Juan de la Cruz son las recogidas en el códice de Sanlúcar o manuscrito S, ya que este fue supervisado por el mismo San Juan. El repertorio de sus poemas, según dicha fuente, se restringe a diez composiciones (los tres poemas mayores citados y otras siete composiciones), siempre y cuando los romances que comprenden los textos titulados In principio erat Verbum, que son un total de nueve, sean considerados una única obra. La autenticidad del resto de su obra poética no ha podido aún ser dilucidada por la crítica.


San Juan de la Cruz, cuyo nombre secular era Juan de Yepes Álvarez y su primera identificación como fraile Juan de SanMatías (FontiverosÁvilaEspaña, 24 de junio de 1542 – ÚbedaJaén, 14 de diciembre de 1591), fue un religioso y poeta místico del renacimiento español. Fue reformador de la Orden de Nuestra Señora del Monte Carmelo y cofundador de la Orden de los Carmelitas Descalzos con Santa Teresa de Jesús. Desde 1952 es el patrono de los poetas en lengua española.

Nació en 1542 en el municipio abulense de Fontiveros,​ sita en la amplia paramera delimitada por Madrigal de las Altas TorresArévalo y Ávila. Fue nacido Juan de Yepes Álvarez en una familia de conversos (descendientes de judíos conversos al cristianismo),​ hijo de un tejedor toledano de buratos llamado Gonzalo de Yepes y de Catalina Álvarez.​ Tenía dos hermanos mayores llamados Francisco y Luis.

A los veintiún años, en 1563, ingresa en el Convento de los Padres Carmelitas de Medina del Campo, de la Orden de los Carmelitas, y adopta el nombre de Fray Juan de san Matías. Tras realizar el noviciado entre 1563 y 1564 en el Convento de Santa Ana, se traslada a Salamanca donde estudiará en el Colegio de San Andrés de los Cármenes entre 1564 y 1567 los tres cursos preceptivos para bachillerarse en artes. Durante el tercer curso, fue nombrado, por sus destrezas dialécticas, prefecto de estudiantes en el colegio de San Andrés.


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